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Columna publicada el 13-06-2004
Seguimos bajo el trauma político del 13-M. No del 11-M, el día de la masacre de Madrid, ni el 14-M, la jornada de la victoria del PSOE, sino el día terrible, inolvidable, de golpe políticomediático del PRISOE, que en la jornada de reflexión arrojó contra el Gobierno del PP los casi doscientos cadáveres de las estaciones madrileñas y los mil quinientos heridos por las mochilas-bomba, los dieciséis millones de manifestantes contra el terrorismo el 12-M y los diez millones de votos del PP, desnortados, extraviados, abandonados por una derecha política idiotizada y manipulados por una izquierda desvergonzada. Esa izquierda cuyo símbolo es Rubalcaba pero cuyo jefe real es Polanco supo manipular la tragedia hasta convertir al Gobierno Aznar, gobierno zombie, en supuesto responsable del más horrible atentado de la historia de España. El resultado ha sido doble: el débil gobierno Zapatero y la débil situación de la democracia española, que se ha rendido ante el terrorismo, ha desertado de la trinchera occidental y se encuentra en tierra de nadie, entre Marruecos y Francia, sin los USA que nos ayuden.
Y en estas, llegan las elecciones europeas. ¿Europeas? Euroasiáticas, como poco. La capital más invocada por la Izquierda no ha sido Bruselas sino Bagdad. Todo su programa consiste en repetir las mentiras del 13-M, la culpabilización del PP a toda costa, con atroz desvergüenza, con ciega irresponsabilidad. En cuanto a la Derecha, la última semana ha parecido desperezarse, despertarse en su parte más joven y activa, más politizada. Recobrado el pulso, la razón última de su movilización es gemela y opuesta a la del PSOE: recuperarse del 13-M, de la mentira y la criminalización que las siglas del PP han padecido a manos de ese poder político y mediático amalgamado por PRISA y formado por socialistas, comunistas y separatistas. Un poder cuya única razón de ser y de existir es la aniquilación de la derecha española, por dos razones: porque es española y por que es derecha. Hasta qué punto ese programa común del odio es capaz de movilizar a un electorado satisfecho en lo fundamental, que era echar al PP del Gobierno, tardaremos poco en saberlo. Las mismas horas que nos faltan para saber si los que vamos a votar al PP precisamente por lo mismo que lo atacan, porque es español y de derechas, seremos muy pocos o bastantes o muchos. Lo único evidente es que el 13-J será un episodio más, aunque significativo, de un ciclo político en el que no se sabe si prevalecerá el socialismo o el liberalismo, si se asentará una idea de España o de su demolición, si seguiremos en Europa o empezaremos a navegar entre el Rif y el Caribe, entre la nada y París. Al final, siempre volvemos a Madrid. Tenemos ahí, desde hace meses, una cuenta pendiente. Que no sabemos cuándo se llegará a pagar.
Mientras tanto, a votar.
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