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Columna publicada el 27-10-2004
Hace cerca de dos años el Senado español aprobó una propuesta, que no llevó a ninguna parte, para impulsar ante la ICANN la creación un dominio .his (hispano) que identificara a los sitios web escritos en lengua española. La idea pretendía que dicho identificador fuera utilizado por los creadores de sites de todos los países de lengua española. Entonces escribí contra tal proyecto y ofrecí algunas razones que se pueden aplicar también a la idea, que parece gustarle al ministro Montilla, de crear un .ct o .cat, que identificarían a los webs escritos en lengua catalana.
"La presencia de una lengua en la Red no está relacionada con una cuestión de dominios. La abrumadora presencia del inglés en Internet es indiscutible, y no existe un dominio que identifique las páginas escritas en dicho idioma. El chino es otra lengua muy utilizada en la Red, y no sólo en sitios .cn. Lo que define el éxito on line de un lenguaje no es otra cosa que el número de internautas que lo hablan, y el consiguiente interés de empresas y particulares en tener contenidos escritos en dicho idioma". Este párrafo escrito pensando en un hipotético .his es igual de válido para cualquier otro dominio que identifique una lengua, por lo que se puede aplicar al .cat. El catalán no necesita un dominio propio, lo que requiere son internautas que lo utilicen.
En la actualidad todos los dominios identifican territorios, como el .es o el .uk; tipos de propietarios del sitio web, como el .gov o el .org, o la finalidad del mismo, como el .info. Ninguno de ellos impone la utilización de un idioma. Un .es puede estar escrito tanto en español como catalán o en árabe. No existe por tanto ningún identificador idiomático. Los hipotéticos .cat y .ct se convertirían por tanto en los primeros dominios lingüísticos de la Red y abriría la caja de los truenos sumiendo a Internet en una confusión total y absoluta. A la gran cantidad de "punto algo" ya existentes se terminarían sumando dominios como el por ahora malogrado .his y otros como .arab (árabe), .eng (inglés), .fra (francés) o incluso un .jdes (judeoespañol o ladino) o un .aran (aranés). Así se podría seguir hasta varios cientos.
Teniendo en cuenta además que muchos de dichos dominios identificarían idiomas que se hablan en varios países, como el español, el catalán o el árabe, habría que definir quien pone las normas. No se podría permitir que fuera un Estado o una administración de menor rango territorial (comunidades autónomas, estados de una federación o provincias), pues el identificador afecta a otros, y los poderes públicos serían reacios a ceder el control a entidades privadas que no controlaran de alguna manera. Así pues, nos encontraríamos ante una situación inviable.
En el caso concreto del catalán, si los promotores de la idea desean que las páginas en dicho idioma sean reconocibles por su dirección lo que deberían hacer es negociar con las autoridades de los países en los que existe una población que lo habla para que instauren subdominios. Así, podría existir un .cat.es, un cat.ad (en Adorra) y un cat.fr fácilmente gestionables, que no crearan más confusión de la ya existente.
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