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Columna publicada el 06-09-2005
Si hace unos días opinamos aquí sobre la bajeza moral de la izquierda norteamericana al culpabilizar a George W. Bush por el huracán, hoy confesamos habernos quedado cortos. Porque el Partido Demócrata, guiado por los despojos más radicales y sectarios del activismo izquierdista ha perdido ya toda credibilidad, decencia y honradez. La senadora demócrata por Louisiana –Mary Landrieu– insatisfecha con sus ya relatados desvaríos iniciales contra Bush tras el huracán, nos sigue regalando nuevas perlas. Landrieu ha declarado ahora su voluntad de pegarle un puñetazo a Bush en cuanto lo vea. Así lo afirmó ante millones de perplejos telespectadores en el programa “This Week” de la cadena ABC. El espacio –casualidad– estaba presentado por George Stephanopoulos, antiguo asesor de Bill Clinton. Ya ven que también en Estados Unidos, todo queda en casa, como la matanza.
Nos preguntamos si acaso la senadora Landrieu se cruzó en Houston o en Nueva Orleans con nuestra diputada turista socialista –Lourdes–, y con su compañero –Jordi–; o si quizá escuchó las declaraciones de éste, valiente portamochilas en estampida, respecto a la moderna forma de genocidio colectivo inventado por Bush con el Katrina. Porque la Muñoz y la Landrieu parecen ir a una con la hoz, o con el puño. Lo de menos es que la sandez pronunciada por la senadora demócrata por Louisiana vaya en consonancia con la del compañero de la diputada o con la del ingeniero en huracanes Alonso. Lo de menos es que todo quede en casa: en la del sarampión de la izquierda. Pero lo lamentable es que el contagio alcance a los miembros del otrora digno Partido Demócrata, y que la patología crean que se cura culpando por todo a Bush y a la derecha liberal-conservadora.
Lo que se intenta esconder es un hecho irrefutable: que la primera responsabilidad en la gestión de cualquier catástrofe empieza en el gobierno local y estatal. Bajo la ley estadounidense, en el gobierno local radica primeramente la autoridad para evacuar a los ciudadanos en caso de emergencia. Esa orden de evacuación es la que no dieron en su momento ni la temerosa gobernadora demócrata de Louisiana –Kathleen Blanco– ni el sonámbulo alcalde demócrata de Nueva Orleans –Ray Nagin–, según obliga el “Plan de Emergencia de la Ciudad de Nueva Orleans”. Hablamos en ambos casos de gobiernos dirigidos por el Partido Demócrata, entre los que se halla también un tal Mitch Landrieu, ayudante de la gobernadora de Louisiana que es –curiosamente– el hermano de la senadora boxeadora.
En Nueva Orleans la inmensa mayoría de los miembros de los gobiernos locales y estatales han sido tradicionalmente demócratas –muchos de ellos negros–. Pero tras varios años de inepta administración –sobre la mentalidad del gran gobierno protector y los altos impuestos– esos gobernantes han sido incapaces de incrementar el nivel de vida de la población de Nueva Orleans, negra en más de sus dos tercios. Es así que cuando la demagogia de la izquierda no funciona –como ahora– el Partido Demócrata acaba jugando la vieja carta de culpar a la derecha sobre falsas acusaciones de discriminación racial, social y económica. Eso es lo que ya han hecho los políticos demócratas negros Al Sharpton, Eliljah Cummings y Jesse Jackson (éste tan amigo de Chávez y Castro). A su lado andan pululando ya otros enemigos del liberalismo conservador, como Robert F. Kennedy Jr., y –por supuesto– Hillary Clinton, la presidenciable que reclamaba ya a gritos una comisión de investigación mientras se rescataban todavía a los ciudadanos de sus casas anegadas.
En esa farsa entran los millonarios de Hollywood, desde Michael Moore a Sean Pean pasando por George Clooney –éste en góndola por Venecia– y desde Celine Dion al rapero Kanye West. Y con todos ellos también aparecen los medios de comunicación anti-Bush, guiados por los escribidores del New York Times o los presentadores de Air America Radio, la cadena subvencionada por Al Gore. Una de sus voceras, Randi Rhodes, ya nos informó en su programa de tarde el 31 de agosto sobre la ineficacia de Bush y el hecho de que el presidente disfrutaba literalmente con la pérdida de ciudadanos en los huracanes, sobre todo si –como afirmó la presentadora– tales pérdidas humanas eran o bien pobres o votantes del Partido Demócrata.
Alberto Acereda es director del Diario de América, periódico de opinión sobre Estados Unidos e Iberoamérica.
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