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Los mitos del nacionalismo vasco es la última obra de José Díaz Herrera, y parece llamada a dejar huella. El autor hace numerosas aportaciones originales muchas de ellas como resultado de su labor de investigación en los archivos de los Estados Unidos, que comenzó hace tres años. Si Díaz Herrera se ha tenido que ir a otro país para seguir el rastro del nacionalismo vasco es porque “todo el gobierno vasco en el exilio es confidente de los Estados Unidos”. En el caso del primer Lehendakari, José Antonio Aguirre, sus servicios de espionaje atendían a las necesidades de la CIA (entonces no se llamaba así), al FBI, al Instituto de Estudios Iberoamericanos (una CIA paralela para dicha región) y al Departamento de Estado. Aguirre logró entrevistarse con muchos de los presidentes iberoamericanos, y al día siguiente los embajadores de Estados Unidos en dichos países enviaban al Departamento de Estado informes con las revelaciones de Aguirre. Él contribuyó a que los estadounidenses echen freno a los movimientos de independencia de varios de ellos, como Cuba o Panamá.No obstante, como explica el propio libro, los estadounidenses no habían confiado siempre en el nacionalista vasco. De hecho no le dejaron entrar en el país, dado que sabían que su gobierno había intentado pactar con los nazis “para crear un protectorado en el País Vasco”. Entonces Hitler tenía la idea de que Europa sería más fácil de controlar con Estados pequeños, por lo que el nacionalismo vasco quiso aprovechar la estrategia alemana, “que había dividido en dos a Francia”. El PNV ofrece llevar un ejército de voluntarios a sumarse al esfuerzo bélico de los nacional socialistas; sería una división azul vasca.
Traición del nacionalismo vasco en la Guerra Civil
Una ambivalencia del nacionalismo vasco se remonta ya a la Segunda República y la Guerra Civil. Tras el fracaso de la negociación con el primer gobierno republicano para conseguir un estatuto, pactan con el General Orgaz la organización de un golpe de estado que al final no llega a intentarse. Ya en plena Guerra Civil logran la aprobación del Estatuto, que Díaz Herrera considera ilegal, ya que “es aprobado con el voto de cincuenta diputados de la Cámara, cuando se necesita un quórum de dos tercios de un Parlamento de 450”. Poco antes había estado negociando con Franco, aunque las conversaciones acaban en fracaso. Ya durante el conflicto, el comportamiento del PNV no sería en absoluto leal a la República, según el autor. Y es que “durante los tres primeros meses de la Guerra Civil no hicieron nada”. Más tarde, cuando el PNV había “facilitado la caída del frente norte frente a Franco”, Aguirre y Prieto pactan que los nacionalistas contribuyan en la defensa de Cantabria, mientras el ejército republicano lanza una ofensiva en Belchite con el objetivo de distraer las fuerzas nacionales y detener el avance de Franco en el norte, lo que permitiría llegar al invierno, cuando los avances son más costosos.
La batalla de Belchite se libró, con 32.000 bajas por parte del ejército republicano. Pero los nacionalistas vascos no cumplieron su parte. Estuvieron negociando con los italianos, que avanzaban hacia Santoña, donde estaban las fuerzas vascas. Cuando llegó el CTV enviado por Mussolini, los vascos se rindieron, en una nueva contribución a la caída del frente norte ante los nacionales. A este episodio dedica José Díaz Herrera un capítulo de los 26 que forman el libro. Con ello quiere destruir “el mito de los valientes vascos que lucharon con arrojo para defender la democracia”, que en cualquier caso ya había sido destruida por ambos bandos. Una vez acabada la Guerra Civil, el PNV se plantea llegar a un acuerdo con los carlistas navarros, que se habían sumado como un hombre al bando nacional, “porque creían que estaban ya en contra de Franco y se volvían a centrar en el foralismo”. También quiere desmontar “el mito de que los vascos fueron siempre víctimas, nunca verdugos”, incidiendo en que, por ejemplo, si bien el bando franquista mató a quince curas, los nacionalistas acabaron con la vida de 45 sacerdotes.ETA y el PNV
Esta ambivalencia del nacionalismo vasco, que le lleva a pactar con un bando y otro de la Guerra Civil y de la II Guerra Mundial es fruto de lo que José Díaz Herrera considera “una concepción totalitaria y mesiánica del poder”, que tiene siempre el mismo objetivo, la creación de un Estado independiente vasco. A ese objetivo “sacrifican cualquier otro valor, como lograr una sociedad con valores modernos y progresistas”.
En opinión del autor, una prueba de que el objetivo último del nacionalismo justifica cualquier otra consideración es que, según dijo en la presentación del libro, “ETA ha salido de las entrañas del PNV, con el que nunca ha roto el cordón umbilical” y que la banda asesina y el nacionalismo “son lo mismo”. En el libro vienen detallados varios episodios en los que se pone de manifiesto la estrecha relación entre el partido nacionalista vasco y la banda terrorista. Apenas dos años después de formada la banda asesina, son detenidos 150 etarras. El “Lehendakari” en el exilio José María Leizaola, envió un telegrama al Departamento de Estado de EE.UU. en el que se lamentaba de que el gobierno de Franco hubiera “detenido a 150 patriotas vascos” que son “militantes nuestros”. En esos momentos el PNV “pone a disposición del la ETA a 300 jóvenes” de su organización. En otra ocasión se encuentra fuera de España con Tarradellas, que le recrimina al político vasco su relación con los terroristas, y le advierte que al final “el PNV acabaría siendo rehén de los terroristas”. Leizaola le responde “tú ocúpate de lo vuestro, que nosotros nos ocuparemos de lo nuestro”.
Cupo, clientelismo y democracia
Una de las principales aportaciones del libro, según el propio autor, es el análisis histórico y económico del concierto económico y del cupo vasco. Según Díaz Herrera, los vascos “no han hecho una contribución fiscal al resto de España” ni antes de la primera verdadera reforma fiscal, de 1965, ni después con la llegada de la democracia. El “cupo” calcula la aportación del País Vasco al PIB nacional y aplican el mismo porcentaje a la contribución que hacen al fisco. Pero “hay de 450 a 500 servicios que provee el Estado y que la autonomía vasca no paga”. Ello supone un “privilegio” del País Vasco, que “está viviendo del saqueo constante al Estado central”. Una “sobrefinanciación” que permite que la policía autonómica vasca, por ejemplo, pueda pagar “sueldos de 100.000 pesetas más que los policías nacionales”. El dinero con el que no se contribuye al resto de España se crea “toda una red de clientelismo” que “no permite desbancar del poder al PNV”. José Díaz Herrera propone acabar con el cupo y con el concierto económico, preguntándose “¿Porqué tiene que haber discriminaciones?”.
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