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Los perros pueden aprender palabras

21-III-2006

noticias sorprendentes


Los perros aprenden palabras

Los perros pueden aprender palabras con sólo oírlas en las conversaciones de los humanos y comprender su significado, sobre todo si viven integrados de forma activa en una familia. Así lo explicó a Efe el director de investigaciones del departamento de Etología de la Universidad de Budapest y editor de la revista "Animal Cognition", Adam Miklósi, quien en la actualidad investiga los significados de los ladridos que emiten estos animales dependiendo de las diferentes situaciones en las que se encuentren.

Antes se pensaba que los ladridos de los perros no tenían significado y que sólo emitían ese sonido por un estado de excitación general, pero ahora se sabe que hay diferentes tipos que se emiten en situaciones distintas, explicó Miklósi.

El biólogo, que pronunció este martes una conferencia en Cosmocaixa sobre los secretos de la comunicación animal, ha estudiado qué entienden los humanos en los ladridos de sus mascotas y qué comprenden los animales del discurso de sus amos, es decir, los secretos que se esconden tras la afinidad entre perro y hombre. A su juicio, los humanos pueden distinguir los ladridos y diferenciarlos dependiendo de la llamada de atención que supongan: comida, juego o alerta y además pueden encontrar en ellos diferencias especiales.

El equipo del biólogo ha trabajado para sus experimentos con animales de los que sus amos sostenían que entendían lo que se les decía y lo cierto, según Miklósi, es que comprendían palabras pero su grado de entendimiento variaba a medida que se complicaba la orden. Los perros, dijo, no sólo son capaces de atender a los gestos humanos, sino que también emiten señales dirigidas al hombre.

A su juicio, los canes son muy buenos comunicándose con humanos porque tienen la habilidad de hacer señales de lo que desean y transmitírselas a su dueño, como cuando quieren salir a la calle y miran alternativamente a la puerta y a su amo. El biólogo mencionó además el caso de un perro que puede entender hasta 200 palabras distintas por la asociación de los nombres con los objetos a los que se refieren, aunque estas características dependen de la raza.

Detenido por guardar una pepita de oro de 7kg

Un hombre ha sido detenido en la región de Pskov, al noroeste de Rusia acusado de guardar ilegalmente una pepita de oro de 7 kilos de peso. El oro fue hallado en la vivienda de este hombre, que acababa de llegar para vivir en Pskov después de trabajar como maquinista de perforación en la península de Chukotka, extremo oriente del país, señaló un portavoz de la Fiscalía citado por la agencia Interfax.

La "pepita", cuyo precio es de unos 2,5 millones de rublos (unos 89.300 dólares ó 74.400 euros) estaba escondida en un saco con azúcar, añadió la fuente, que no precisó cuándo ocurrió el hecho ni identificó a su propietario ilegal. El detenido es acusado de posesión y transporte ilegal de metales preciosos en grandes cantidades, delito que supone una pena de hasta siete años de prisión y una multa que podría alcanzar un millón de rublos (unos 35.700 dólares ó 29.800 euros).

Absuelto de matar a un compañero de golf de un pelotazo

El Tribunal Supremo (TS) ha confirmado la absolución de un jugador de golf que, en 1991, en un club de Sitges (Barcelona) golpeó con una bola a otro, quien estaba fuera de su alcance visual y murió a consecuencia del impacto, ya que se trata de un lanzamiento incorrecto, pero "en modo alguno negligente". En la sentencia se desestima el recurso interpuesto por la familia del fallecido contra la dictada en 1999 por la Audiencia Provincial de Barcelona, que también absolvió al club al no advertir la negligencia, lo que también confirma el Alto Tribunal.

Para el Supremo se trata de una "consecuencia, desgraciada y siempre sentida, de cualquier tipo de juego, pero de responsabilidad inicialmente inimputable". Los hechos ocurrieron el 16 de noviembre de 1991 cuando Ernst W. resultó muerto mientras se hallaba practicando el golf, a consecuencia de recibir el impacto de una pelota lanzada por Antonio A. En ese momento, ambos jugaban en calles distintas separadas por una arboleda.

En 1996 un juzgado de primera instancia de Villanova i la Geltrú estimó la demanda interpuesta por la esposa e hijos del fallecido y condenó al jugador de golf, al club y a las aseguradoras respectivas a que les indemnizaran con 111.908 euros. Sin embargo, la Audiencia de Barcelona absolvió a dichos demandados al no apreciar que el jugador actuara de forma negligente, ya que cada uno de ellos estaba jugando en su respectiva calle, "cumpliendo la norma de seguridad propia de la actividad deportiva desarrollada, encontrándose el fallecido fuera del alcance visual del demandado".

El Alto Tribunal argumenta que "todo deportista sabe inicialmente que la práctica de cualquier deporte entraña la posibilidad de sufrir daños, tanto por la acción propia como de los que con él comparten el juego o realizan una práctica común, sin unidad de juego, como es el golf", y como tal los acepta. La sentencia recuerda que el golf no es un juego de características normalmente peligrosas, salvo las que derivan de una mala práctica en el manejo de instrumentos como es el palo y la pelota.

Según el TS, "el grupo en el que se hallaba el fallecido, si bien precedía al del demandado en cuanto a la numeración de hoyos se refiere, estaba fuera del alcance visual de éste, ya que cada uno de ellos jugaba en su respectiva calle". Además, -añade- "la pelota lanzada salió recta y después hizo un giro a la izquierda para meterse entre los árboles, sin seguir la normal trayectoria, impactando finalmente al jugador, (..) con tan mala fortuna de hacerlo de forma plena en uno de los puntos vitales del cuerpo humano, causándole la muerte".

La resolución agrega que "se trata de un lanzamiento técnicamente incorrecto por causa del viento, en cuanto no alcanzó el objetivo previsto de entrar o aproximarse al hoyo 10, pero en modo alguno negligente". "En tales circunstancias no era posible esperar de una eventualidad ordinaria o común del juego un daño semejante al que en el presente pleito se pretende reparar", concluye.

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