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La entrevista mantenida este martes en Moncloa nos deja encima de la mesa varias consideraciones que provocan preocupación y desasosiego.
Es verdad que el presidente del Partido Popular, en su comparecencia ante los medios de los comunicación, no ha renunciado a sus principios. Ha defendido el Pacto Antiterrorista, se ha negado a las mesas políticas, ha insistido en la necesidad de que no existan cesiones políticas a los terroristas. Con estos enunciados, Mariano Rajoy mantiene la posición habitual de los populares de la lucha antiterrorista. Es más, ha marcado las líneas rojas que el Gobierno no deberá traspasar y que hasta ahora se ha saltado a la torera.
En medio del tsunami de entusiasmo obligatorio del Gobierno hacia el alto el fuego etarra, hay que decir que ha surgido un desacuerdo evidente que deja en evidencia al presidente del Gobierno. Mariano Rajoy ha pedido la convocatoria del Pacto Antiterrorista y Rodríguez Zapatero ha preferido mirar hacia otra parte. Ha respondido que ahora es el momento para la comunicación directa y personal entre el presidente del Gobierno y el jefe de la oposición. Zapatero ha dejado intencionadamente al Partido Popular fuera de los acuerdos. Ha querido fundamentar todo en una relación personal entre los dos líderes, saltándose a la torera una cuestión básica: estamos ante una cuestión de Estado y no ante un simple colegueo entre los dos. No estamos en un simple reparto de cromos. Y es que no hay que engañarse; esta estrategia tan personalista permite a Zapatero vender a sus socios parlamentarios que él sigue sin pactar con el PP, y que su relación se circunscribe al líder de la oposición. Dicho de otra forma, pervive el pacto del Tinell.
En todo caso la pregunta clave es una: ¿ha mentido Zapatero a Rajoy? La respuesta también es clara: sí. Lo ha hecho al decir que no ha pactado con ETA, cuando ha insistido que no hay precio político y al subrayar que no tiene ningún compromiso con la banda. Tres mentiras similares y repetitivas sobre las que Rajoy no se ha pronunciado ante la prensa. Se ha limitado a responder: "pregunten al presidente". Con esa estrategia el presidente de los populares le deja a Zapatero la pelota en su tejado. Por su parte, el presidente del Gobierno se ha desecho en concesiones a Rajoy. En los próximos días, no lo duden, quedarán al descubierto de nuevo las mentiras del Jefe del Ejecutivo. Sin ir más lejos, el próximo martes cuando Zapatero se entreviste con Ibarretxe tendremos la primera prueba de fuego.
La posición de Mariano Rajoy no es fácil; desde ahora, la del presidente del Gobierno tampoco. No es verdad que el encuentro entre Zapatero y Rajoy haya servido para recuperar ninguna confianza. Eso es imposible. La entrevista de Moncloa ha supuesto que, desde ahora, Zapatero se encuentra en un examen permanente. Las líneas rojas las tiene marcadas. Y es evidente que las va a traspasar; la experiencia así lo dice. Zapatero ha desmontado la estructura del Estado de Derecho para combatir el terrorismo, ha perseguido a las víctimas y ha insultado al Partido Popular. No hay motivos, por tanto, que permitan demostrar un cambio repentino y milagroso.
El presidente del Gobierno ha mentido y no transcurrirá mucho tiempo sin que afloren esas nuevas trolas. Esta entrevista es una espada de Damocles sobre Zapatero. Y siempre se coge antes a un mentiroso que a un cojo.
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