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El socialismo israelí no tiene quien le quiera.
Hubo un tiempo en que era el modelo para sus iguales europeos. Estaban construyendo una sociedad nueva, más justa, más igualitaria. Eran capaces de hacer productivo el desierto y de defenderse de ejércitos muy superiores en tamaño y recursos. A todo ello se sumaba el orgullo de ver proyectada Europa más allá del Bósforo. Eran socialistas europeos trasplantados en Tierra Santa. No se podía entender su utopía sin conocer las que le precedieron en París, Londres o Berlín, como no se podía entender la historia del socialismo sin la participación de tantos y tan relevantes judíos.
Pero ese tiempo quedó atrás. Hoy la izquierda europea rechaza a sus homólogos israelíes. Estos no han cambiado, son los que eran, luchando por existir y por unos ideales perfectamente reconocibles en la historia intelectual europea. Pero en el Viejo Continente sí se han producido cambios y muy importantes. Los cascotes del Muro de Berlín arrastraron en su caída a la Unión Soviética y a muchos viejos ideales. La crisis financiera del estado de bienestar dejó bien a las claras que no se podía seguir por el antiguo camino intervencionista. Hoy las metas son otras: la paz a cualquier precio, la revancha contra una civilización judeo-cristiana que les ganó la partida en el 98, el relativismo...
El sindicato de profesores británicos ha propuesto realizar un boicot a sus colegas israelíes, como expresión de su solidaridad con la causa palestina y de su denuncia contra la política israelí. Es sólo un gesto más de un sentir muy extendido en Europa. La izquierda israelí es culpable de querer existir. A estas alturas es inaceptable que traten de defender sus posiciones por la fuerza. Tienen que ceder.
Los sondeos en Estados Unidos señalan una evolución semejante. El Partido Demócrata, que durante años fue el bastión de la causa israelí y el beneficiario de los votos judíos, abandona a ritmo acelerado su tradicional apoyo al gobierno de Jerusalén; al mismo tiempo que los republicanos, antaño aislacionistas, consideran que Israel es la vanguardia de la democracia en Oriente Medio. Demócratas y socialistas coinciden en lo esencial: relativismo y apaciguamiento.
Los socialistas israelíes se sienten abandonados por los suyos e incómodos por la calurosa acogida que les brindan conservadores del Viejo y del Nuevo Mundo. El tiempo dirá si la evolución general de la izquierda no acaba por afectarles también a ellos.
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