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Se ha estrenado al fin en España "United 93", la película centrada en lo que sucedió en el cuarto vuelo secuestrado el 11-S, el vuelo en el que los pasajeros se rebelaron y evitaron que los terroristas estrellaran el avión contra la Casa Blanca o el Capitolio. Tras verla, George Will comentó que ver esta película era un deber cívico, porque muchas veces necesitamos que nos recuerden lo que ya sabemos mucho más de lo que necesitamos que nos informen de lo que no. Después de cinco años, con el no a esta guerra, Abu Ghraib, Fahrenheit 9/11, Irak-como-Vietnam y las alianzas de civilizaciones contra Bush ocupando los medios y nuestras mentes, es más necesario que nunca recordar.
El film es responsabilidad de Paul Greengrass, director cuyo mayor éxito comercial es "El mito de Bourne", pero que cuenta entre sus películas como guionista y productor con "Omagh", lo que dará una idea a quienes hayan visto esta cinta –algo casi obligatorio en estos tiempos de "proceso de paz" zapateril– del respeto hacia las víctimas con que ha abordado la producción. La acción de "United 93" transcurre tanto en el interior del avión como en distintas torres de control y organismos civiles y militares. Muchos de los personajes en éstos últimos escenarios son encarnados por las personas que estuvieron allí el 11-S, incluyendo a Ben Sliney, que estrenaba su cargo de director nacional de operaciones de la Agencia Federal de Aviación ese mismo día. El film está narrado en tiempo real desde el momento en que los pasajeros suben al avión y con un estilo documental marca de la casa, con mucha cámara en mano e improvisación de los actores, que al ser perfectos desconocidos no nos permiten refugiarnos en el confort de hallarnos ante algo familiar y hollywoodiense. Actores que, en algunos casos, se escogieron por tener experiencia previa como pilotos o azafatas.
La película prácticamente no se mete en líos, ni políticos ni de ninguna otra clase. Narra una historia, la historia del 11-S y del vuelo con el que finalizó la táctica terrorista de emplear aviones comerciales como misiles, y lo hace muy bien. Cuenta lo que se sabe, y lo que no se sabe lo especula sin ir demasiado lejos, algo que ya hizo de forma similar el documental "Pensilvania: El cuarto avión del 11-S". Muestra a los terroristas como lo que son, sin intentar hacer un estudio psicológico que nos los haga comprender, tan habitual en el cine español que ha tratado con asesinos nacionalistas vascos. Pese a algunos defectos, como la lucha final entre pasajeros y terroristas, que resulta muy confusa y no permite entender bien qué sucede, Greengrass ha hecho la película que debía hacerse.
La experiencia de verla es dura. Sorprende que, conociendo de antemano como termina, sea tan intensa. Los sentimientos que provoca son los que cada uno espera antes de entrar en la sala, pero con mucha mayor intensidad. En mi caso, el odio y la rabia. La quimérica esperanza, alimentada por el genio de Greengrass, de que esas personas comunes y extraordinarias sobrevivan. La comprensión de que yo o cualquiera de las personas que quiero podríamos encontrarnos en una situación similar. La angustia y la compasión al oírles hablar con su familia y decirles lo que sienten por ellos.
Siendo ésta la primera película que se realiza sobre aquellos atentados, muchos norteamericanos se han preguntado si era necesaria, y qué se pretendía con ella. Muchos pensamos que el mundo cambiaría tras el 11 de septiembre. Y al principio, si excluimos el repugnante titular de El País, así lo parecía. Desgraciadamente, el cambio no ha sido para corregir nuestros errores, sino para aumentarlos, para caer aún más en el fango de lo políticamente correcto, de la autoinculpación, del "algo habremos hecho". Esta película es necesaria para recordar que no, que no somos nosotros los culpables, que lo son sólo quienes quieren acabar con nosotros. Y que no existe Séptimo de Caballería en esta guerra tal y como, sin el menor énfasis, nos dice uno de los pasajeros del United 93: "Nadie va a ayudarnos. Lo tendremos que hacer nosotros."
Es una película difícil de ver. Pero, creo, hay que verla.Nota: El autor autoriza a todo aquel que quiera hacerlo, incluidas las empresas de press-clipping, a reproducir este artículo, con la condición de que se cite a Libertad Digital como sitio original de publicación. Además, niega a la FAPE o cualquier otra entidad la autoridad para cobrar a las citadas compañías o cualquier otra persona o entidad por dichas reproducciones.
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