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Los tiranos a veces demuestran mucha imaginación a la hora de recortar la libertad. Con independencia de su tendencia política, muchas dictaduras ejercen prácticas comunes. Entre estas figuran la censura previa en los medios tradicionales, el bloqueo de sitios web extranjeros, la clausura de servicios online del país que resultan incómodos al poder, el encarcelamiento de disidentes o de quien critica algún aspecto del sistema... Sin embargo, hay algunos regímenes que son auténticamente ingeniosos. Es el caso de Irán.
El gobierno de la república islámica, que ya ejerce la mayor parte de las prácticas antes señaladas, ha encontrado una nueva vía para restringir la libertad de expresión: aburrir a los internautas. Reducir por ley la velocidad máxima de conexión no es una cuestión baladí. Aunque la medida pueda parecer pueril no lo es en absoluto. Cuando se limita la cantidad de datos que un ordenador puede recibir o enviar, se está transformando en un trámite lento y tedioso lo que de otra manera puede ser algo muy rápido. Eso cuando directamente no convierte en imposible acceder a cierto tipo de contenidos como audio, video o imágenes de gran tamaño.
La ventaja que tiene una medida de este tipo para una tiranía que sufre serios problemas de imagen, aunque no todos los que se merece, es que resulta tal vez demasiado sutil como para que su objetivo se detecte claramente. Esto le pone a salvo de la mayor parte de aquellos que criticarán a un régimen que imite al de Castro y prohíba acceder a la Red si no es con permiso del Gobierno. También le protege frente a aquellos que protestan por la clausura de medios electrónicos críticos (algo que ocurre en el propio Irán y otros países como China o Vietnam). Es así mismo más discreto que encarcelar a los ciberdisidentes, algo que practican los países ya citados y otros como Túnez o Maldivas.
Es, en definitiva una solución imaginativa para restringir la libertad de expresión y la posibilidad de acceder a informaciones y opiniones incómodas para la teocracia iraní. El tiránico régimen esta vez ha sido más sutil que cuando ha cerrado sitios web independientes o ha tomado otras medidas demasiado del gusto de muchas dictaduras. Y esta sutileza es lo que hace que la nueva restricción sea demasiado peligrosa. Pocos, por no decir casi nadie, ha protestado. Estamos acostumbrados al cada vez mayor silencio de gran parte de periodistas y de numerosos ciberactivistas cuando quienes recortan la libertad de sus internautas son países que se proclaman enemigos de Occidente o de Estados Unidos. Pero al menos en esas ocasiones hay otros, sinceros en su defensa de la libertad de expresión desde distintas posturas ideológicas, que protestan. Esta vez no se han debido dar cuenta del peligro de la medida.
Mal asunto que los tiranos comiencen a ser imaginativos a la hora de limitar o reprimir del todo la libertad. Esperemos que el ejemplo de estos barbudos enemigos de Internet no sea imitado por otros.Antonio José Chinchetru es autor de Sobre la Red 2.0.
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