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El egipcio Abdel Karim Nabil Suleiman es un hombre valiente. No tiene otra denominación quien, en el Egipto de Hosni Mubarak, osa criticar a través de su bitácora al presidente, las autoridades de la sacrosanta Universidad de Al Azhar y el comportamiento de los musulmanes durante el enfrentamiento entre cristianos y mahometanos en Alejandría en 2005. Todo ello, que para cualquiera con un mínimo de respeto a los más elementales derechos de las personas no es más que el libre ejercicio de la libertad de expresión, le ha valido ser condenado a cuatro años de cárcel.
Indudablemente el título de este artículo es irónico. Abdel Karim no es islamófobo, es un musulmán crítico con su religión y con el comportamiento de algunos de sus seguidores y dirigentes. Sin embargo, entre las acusaciones presentadas contra él, y por los que se le ha condenado, está precisamente el de insultar a la fe mayoritaria en su país. La totalidad de los cargos fueron: difundir datos y rumores que dañan la seguridad pública, difamar al presidente de Egipto, incitar al odio y al desprecio para derrocar al régimen, incitar al odio al Islam, infracción de los estándares públicos de paz y, por último, dañar la reputación de Egipto destacando y difundiendo en público aspectos inadecuados.
Lo cierto es que su condena no es una sorpresa. Quien se preocupa por cuestiones de derechos civiles en la Red y se quería enterar, supo de su detención en noviembre del año pasado. Otra cosa es que sobre la represión en el mundo árabe mucha gente prefiera callar. Lo que puede sorprender es la valentía de Abdel Karim. Mientras en Occidente muchos se empeñaban en justificar los desmanes con motivo de las caricaturas de Mahoma, este joven egipcio tiene en su bitácora un banner de la campaña Support Denmark a la que se sumaron bloggers de gran cantidad de lugares y otros sobre derechos humanos en Oriente Medio. Y alegra especialmente ver que cuando en la vieja Europa demasiados banalizan con el Holocausto y no ven grave que Irán organice conferencias donde se niega, este valiente dedica su bitácora a tres miembros de la escasa resistencia alemana contra Hitler.
Su condena no es por insultar al Islam. Su condena es por amar la libertad y luchar por ella a través de Internet. Si la obligación moral –a la que nunca o casi nunca se responde como es debido– de los occidentales es apoyar a los demócratas del mundo árabe, quienes nos movemos por la Red y nos preocupamos por lo libre que ésta es tenemos una más. Servir de apoyo a Abdel Karim y a todos los que como él tienen el valor de ejercer la libertad de expresión en países donde esta no es respetada. Debemos mostrar nuestra solidaridad con ellos y hacerles saber que no están solos.
La Red es sin duda un gran vehículo tanto para la lucha por la libertad en los países donde no se dispone de ella como para apoyar desde donde tenemos democracia a quienes no la disfrutan y quieren hacerlo. Por ese motivo quiero terminar este artículo con un simple grito que ya se ha alzado en otros lugares del mundo: ¡Libertad para Abdel Karim!
Antonio José Chinchetru es autor de Sobre la Red 2.0.
Nota: El autor autoriza a todo aquel que quiera hacerlo, incluidas las empresas de press-clipping, a reproducir este artículo, con la condición de que se cite a Libertad Digital como sitio original de publicación. Además, niega a la FAPE o cualquier otra entidad la autoridad para cobrar a las citadas compañías o cualquier otra persona o entidad por dichas reproducciones.
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