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Quien haya visitado o vivido en la ciudad universitaria de Blacksburg, conocerá el maravilloso paraíso natural que rodea a la Universidad Técnica de Virginia. Situada en un limpio y sano valle de las montañas Apalaches, en el corazón del sudoeste de Virginia, Blacksburg es el centro del condado de Montgomery, donde el Río Nuevo cruza majestuoso y donde se cierran los atardeceres de una de las zonas más hermosas de la virginia rural de Estados Unidos.
Es ahí donde hace unas horas se acaba de producir la masacre de varios estudiantes inocentes en lo que es ya hoy la peor tragedia ocurrida en una universidad de los Estados Unidos en toda su historia. Desde el incidente de agosto de 1966 en la Universidad de Texas en Austin, cuando un hombre mató a 16 personas antes de ser abatido por la policía, este triste episodio de Virginia constituye el más sangriento ataque a tiros en una universidad norteamericana.
Es la segunda vez en meses recientes que esta misma universidad, conocida aquí como Virginia Tech, es cerrada por un incidente violento. El pasado agosto de 2006, los 26.000 estudiantes de esta institución comprobaron cómo su Universidad debía ser cerrada el primer día de clases cuando un preso que se había fugado de una cárcel –William Morva– mató a un guardia de la universidad y huyó siendo luego capturado y condenado a la pena de muerte.
Los hechos ocurridos en estas horas tienen, según las últimas noticias, un tinte de venganza sentimental por parte de un estudiante aislado, confundido por el rencor y la venganza y movido por el más insano impulso hacia el mal. Se trata de otra acción más de terror causada por un individuo desquiciado que, haciendo uso del derecho constitucional de portar armas en Estados Unidos, abusa de esa libertad en detrimento de los demás.
En las próximas horas no faltarán las notas y comentarios que presenten este caso como el paradigma del fracaso en Estados Unidos en materia de seguridad y protección ciudadana. No faltarán tampoco los oportunistas que utilicen esta masacre para criticar al país más libre de la tierra. Precisamente por eso, por el alto grado de libertad individual y el respeto a su legislación, Estados Unidos sigue protegiendo la Segunda Enmienda a la Constitución que incluye la obligación de no violar el derecho del pueblo a poseer y portar armas. Precisamente en el campus de Virginia Tech estaba prohibido llevarlas, lo que explica que el asesino no fuera abatido antes de la llegada de la Policía y pudiera asesinar a tantos estudiantes.
Quien conozca bien el sudoeste de Virginia y a sus gentes, comprenderá que estos episodios responden a casos aislados de individuos errados y no a los fallos de una democracia liberal como la norteamericana que, pese a tan lamentables tragedias, sigue permitiendo a sus ciudadanos gozar del mayor nivel de libertad en todo el planeta. En estas horas de dolor, lo primero han de ser las familias de las víctimas, más allá de los oportunismos demagógicos antiamericanos.
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