Columna publicada el 29-04-2008
Nuevos aires parecen soplar en el Partido Popular. Hace escasos días un medio digital nos informaba lo siguiente:
Génova quiere dar una vuelta a todo aquello que "huela a naftalina" o a "cera de sacristía" y que durante la pasada legislatura tomó un papel determinante en su imagen pública. Así que, por lo pronto, para que el partido vaya engrasando su maquinaria, adaptándose a la renovación, se han impartido instrucciones para evitar seguir fomentando la objeción de conciencia de padres en los colegios contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía.
Todos recordamos cómo el señor Rajoy, para atraerse el voto de miles y miles de padres de familia, se comprometió durante la campaña electoral a eliminar Educación para la Ciudadanía si llegaba al poder porque era "innecesaria y adoctrinadora". Sí, dijo "adoctrinadora".
También recordamos cómo basó su campaña electoral en "resolver los problemas de la gente". Pues bien, parece que fue sólo oportunismo electoral. Los ciudadanos asistimos atónitos estos días al volantazo dado en este tema. Así, algunos dirigentes del PP con cotas de poder autonómico están empezando a disparar groseramente en la dirección contraria.
Lo que dijo el otro día el consejero de Educación de La Rioja, del Partido Popular, afirmando poco más o menos que la objeción es incompatible con la existencia del Estado lo podría haber dicho perfectamente el consejero de Castilla la Mancha, del PSOE, a poco que hubiera alargado un poco más su totalitario discurso.
También recordamos cómo basó su campaña electoral en "resolver los problemas de la gente". Pues bien, parece que fue sólo oportunismo electoral. Los ciudadanos asistimos atónitos estos días al volantazo dado en este tema. Así, algunos dirigentes del PP con cotas de poder autonómico están empezando a disparar groseramente en la dirección contraria.
Lo que dijo el otro día el consejero de Educación de La Rioja, del Partido Popular, afirmando poco más o menos que la objeción es incompatible con la existencia del Estado lo podría haber dicho perfectamente el consejero de Castilla la Mancha, del PSOE, a poco que hubiera alargado un poco más su totalitario discurso.
Educación para la Ciudadanía no es sólo un problema de los padres de familia que tienen hijos en edad escolar; es un problema de la sociedad española en su conjunto, porque es la clave de bóveda del proyecto de cambio revolucionario impulsado por Zapatero. La viabilidad de su proyecto a medio plazo pasa por la implantación de EpC. No es una asignatura; es la plasmación en modos, valores, conceptos y palabras de lo que Zapatero pretende hacer de España y los españoles.
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