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Los últimos datos de crecimiento económico en la Unión Europea deberían constituir un serio motivo de preocupación para nuestro país. No sólo desmienten al Gobierno de Zapatero, quien, además de negar por activa y por pasiva la realidad de la crisis, insiste en sus mensajes en que nuestro país sigue creciendo por encima de la media de la UE. Pues bien, Bruselas acaba de demostrar que, durante el primer trimestre de 2008, la UE no solo crece prácticamente el doble que nosotros sino que, además, hay países como Alemania que van a más, en lugar de experimentar ni tan siquiera una leve desaceleración, cuando por estos pagos, con una caída de ocho décimas, es muy intensa. Todo ello obliga a reflexionar sobre la naturaleza de la crisis, vinculada con el modelo económico basado en el ladrillo y el consumo, y sus posibles soluciones.
El ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, posiblemente tiene razón cuando afirma que no se cambia de modelo económico en cuatro ejercicios. Pero lo que sí es seguro es que ese cambio jamás se producirá si no se hace nada al respecto, y el Gobierno no lo está haciendo. Para comprender el camino que hay que seguir conviene hacer una comparación entre nuestro país y Estados Unidos, ya que la crisis tiene elementos comunes en ambas orillas del Atlántico. En los dos países todo comienza con una burbuja inmobiliaria que estalla, sigue por una escasez de crédito –allí como consecuencia de la crisis de las hipotecas de alto riesgo, aquí por la alta exposición de las entidades crediticias al sector inmobiliario– y continúa por una debilidad del consumo provocada por la subida de los precios de los alimentos y el petróleo –nosotros tenemos que agregar el incremento de los tipos de interés hipotecarios–. Básicamente, por tanto, las coordenadas de la crisis son las mismas, pero mientras en Estados Unidos se espera que la economía toque fondo en los próximos meses, aquí nadie cree que vaya a dejar de caer hasta, por lo menos, mediados de 2009 y que se vaya a recuperar la normalidad antes de 2011 ó 2012. ¿Por qué este comportamiento tan diferente ante circunstancias tan parecidas, sobre todo cuando en ambos países el gasto familiar es tan importante para el crecimiento económico?
La primera diferencia estriba en el modelo económico. Allí, además de construcción, hay una industria potente y competitiva, un sector servicios muy dinámico y una apuesta muy clara, desde hace décadas, por todo lo que significa investigación y empresas tecnológicas, todo ello gracias a contar con una economía muy flexible, poco regulada. Aquí, en cambio, la alternativa al ladrillo está en el turismo y nada más que el turismo. No hay, por tanto, un sector capaz de tomar el relevo de la construcción, ni el Gobierno está haciendo nada por su surgimiento. Todo lo contrario. Propuestas como el incremento del salario mínimo interprofesional o actitudes que provocan inseguridad jurídica, como las actuaciones de Moncloa en el caso Endesa, lo único que hacen es retraer la inversión empresarial tan necesaria para producir ese cambio de modelo.
El segundo y último elemento es la política económica en sí misma. En Estados Unidos llevan tomando medidas desde hace doce meses. Se puede estar de acuerdo o no con ellas como sucede, por ejemplo, con las bajadas de tipos de interés aplicadas por la Reserva Federal, adoptadas gracias a que allí la inflación es menor que por estos pagos porque el grado de liberalización es mucho mayor, o con los dos paquetes de medidas fiscales, el de 2007 y el de 2008, puestos en marcha por la Administración Bush. Pero allí se está haciendo algo. Aquí, en cambio, los problemas actuales se veían venir de lejos y no se ha hecho nada.
Todos sabíamos que, en cuanto empezaran a subir los tipos de interés, la burbuja inmobiliaria iba a estallar, llevándose de por medio muchas cosas, pero el Gobierno no se preparó para ello. Solbes, además, sabía desde principios de 2007 la que iba a caer y tampoco preparó ningún paquete de medidas para resolver las cosas. Por el contrario, aquí lo único que hay es el cheque baby, la ayuda de 350 euros a los parados de la construcción para reciclarse, la devolución anticipada de 400 euros en el IRPF a las rentas superiores a 30.000 euros anuales y la insistencia en fomentar la vivienda de protección oficial que va a agravar aún más la crisis inmobiliaria. Pero de medidas contra la inflación, de reforma del mercado de trabajo y de promoción de la actividad industrial, nada de nada. Esas son las diferencias con Estados Unidos, las que van a marcar que allí la crisis toque suelo antes y termine bastante más pronto que aquí, y el rasero por el que hay que medir a este Gobierno, que habla mucho y hace poco.
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