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Aquí lo hemos repetido en varias ocasiones: las negociaciones entre Zapatero y ETA no son la causa de la ruptura del consenso con el Partido Popular, sino que la política de Zapatero, basada en la superación definitiva del consenso constitucional, es la que tuvo como consecuencia los pactos con ETA. Convencido de que hay que dar al País Vasco un nuevo estatuto político, más independiente y autónomo, con un Gobierno de izquierdas, nada había en la pasada legislatura que le impidiera dialogar con ETA, aparte del Partido Popular y de la sociedad civil que se lanzó a impedírselo.
¿Hay alguna pista que indique que Zapatero ha abandonado esta política? Ninguna. De hecho, lo poco que llevamos de legislatura, empezando por el nombramiento de los ministros, muestra que lejos de abandonar sus propósitos, Zapatero profundiza en ellos. Camina hacia una confederación de territorios que supere definitivamente la unidad de la nación española, y lo hace desde el convencimiento de que ello tiene que hacerse colocando a las fuerzas izquierdistas en la mejor posición en cada territorio.
En el País Vasco, el PSOE sigue embarcado en cambiar las reglas de juego constitucionales y estatutarias, en partir de cero. Como afirmaba Patxi López, "estamos dispuestos a sentarnos para buscar la definición compartida de este país" (Público, 27 abril). En lo que piensan los socialistas es en una Euskadi más independiente de España y más socialista. Y nótese que lo que ETA defiende es una Euskadi totalmente independiente de España y totalmente socialista. Puesto que hoy el País Vasco no es ni independiente ni socialista, en la primera fase del proceso el entendimiento resulta fácil: es cuestión de grados. Y no sólo en Vascongadas; en Navarra, el PSOE está actuando junto al anexionismo en su proyecto de euskaldunizar la comunidad, previo paso a la "territorialidad" que el PSE defiende, junto a PNV, EA, ANV o ETA.
En el fondo, ocurre que la política particular en relación con ETA va unida a la concepción general que uno tenga de la política. Quien crea en los regímenes constitucional-pluralistas y en la bondad de la nación española, jamás se acercará a ETA como no sea para negociar su rendición total e incondicional. Y quien crea en la democracia popular como régimen óptimo y considere la nación española como algo conservador y reaccionario, se acercará una y otra vez, a quienes creen lo mismo. Esa es la tragedia del PSOE actual.
¿Fiarse de ZP? Si Zapatero quiere derrotar a ETA, tiene un magnífico pacto antiterrorista, escrito, firmado y público como expresión de la unidad constitucional. Pero no vuelve a él porque no cree en esa unidad. Y dejarse engañar a estas alturas respecto a sus intenciones implica un despiste irresponsable o una complicidad hipócrita. Quien crea en un proyecto constitucional para España y defienda la viabilidad de la nación española, no tiene ni un solo motivo para fiarse de un Zapatero que no cree en ninguna de las dos cosas. A no ser se considere que resulta más simpático no defender ni una ni otra cosa, pero entonces estaríamos hablando de usarlas instrumentalmente en vista a unos objetivos bastardos e inconfesables, algo de lo que no creemos capaz a nadie.
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