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Nadie dijo que fuera barata la creación de las pequeñas naciones. Y no lo es. Valga a título de ejemplo la cuenta que pagamos los contribuyentes gallegos el pasado febrero en La Habana. Allí, sin comerlo ni beberlo, y también sin saberlo, abonamos a tocateja una factura de 1,3 millones de euros, cuya partida más jacarandosa eran 1.626 dólares por la precisa cantidad de 400 mojitos, más aperitivos y meriendas, que se sirvieron por la causa. Pues la finalidad de este gasto cultural era que Galicia disfrutara de su cuarto de hora de "estado soberano" so pretexto de la Feria Internacional del Libro que tenía lugar en la capital cubana.
Pero veamos el detalle. Junto a los mojitos, de cuya calidad nadie duda, costeamos el viaje de más de 200 invitados, su estancia en hoteles de lujo y su semana de vacaciones a todo trapo. Sufragamos también que la consejera de Cultura del BNG, Anxela Bugallo, pudiera retratarse al lado del dictador bis en un lugar emblemático, o sea, allí donde había dirigido la represión y ordenado fusilamientos ese sanguinario ídolo de adolescentes conocido como el Ché Guevara. Y pagamos, en fin, para que ninguno de los que figuraban como representantes de la cultura gallega recordara la falta de libertad y las vulneraciones de los derechos humanos que, a falta de otra cosa, son el pan de cada día en la isla-cárcel.
La verdad es que todo ese lote, por 1,3 millones, hasta parece barato. Y, sin embargo, no ha sido fácil conocer en detalle en qué nos habíamos gastado esa pasta. Durante meses, Cultura se resistió a entregar al parlamento las facturas que solicitaba el PP. Controlar los gastos de la fastuosa expedición a la dictadura cubana era un delito de lesa patria. Un rasgo enfermizo de aquellos a quienes molesta que Quintana y sus chiquilicuatros, bajo la paternal mirada de Touriño, hagan ver por el mundo mundial que la cultura gallega es de "nación" y no de otra cosa, que culturas hay muchas, pero digan lo que digan los multiculti, unas lucen más que otras.
Sabido es que la "construcción nacional" no se hace con dos perras gordas. Comprar voluntades y momentos cargados de simbolismo –y de ron– requiere mucho dispendio. El Gobierno autonómico gallego tendrá sus defectos, pero entiende y aplica perfectamente esa lógica. Y esta otra: aquella por la cual la izquierda y los nacionalistas disponen de bula para hacer con el dinero público lo que les plazca. También para fastos, que una cosa es ser de izquierdas y otra renunciar al lujo; más aún, lo uno lleva a lo otro sin problemas de conciencia. Qué menos que pagarse unos mojitos y unos viajes. El establishment cultural parásito no se vende por un plato de lentejas. Ni va a Cuba a padecer la escasez que sufre el pueblo llano.
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