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En su búsqueda de villanos a quienes culpar de la subida de los precios de la comida y el petróleo, algunos han recurrido a los especuladores, léase las personas que compran y venden en la Bolsa Mercantil de Chicago y en instituciones parecidas de todo el mundo. Un ejemplo, proveniente de un reputado experto, responsable de informar a Naciones Unidas sobre violaciones de los derechos humanos:
Los biocombustibles y las sequías no explican por completo la reciente crisis alimentaria. Los fondos de inversión privada y los pequeños inversores son parcialmente responsables de la hambruna global. Si no metemos en vereda la inversión especulativa de las empresas, es probable que la crisis alimentaria global persista. Los especuladores financieros se benefician del hambre global.
Sin embargo, en lugar de condenar la especulación con las mercancías, tendríamos que reconocer la función vital que cumple. Examinémosla con un ejemplo simplificado que plasma la esencia de la especulación en los mercados de futuros.
Digamos que el precio del maíz de hoy es de 6 dólares el bushel. Y yo me figuro que, debido al juego de la oferta y la demanda, determinado por factores como la sequía, la guerra y el creciente consumo del maíz destinado a otros fines, en mayo de 2009 el maíz se venderá a 12 dólares. Si ahora compro maíz a 6 dólares la unidad, lo conservo, y en mayo de 2009 lo vendo a 12 dólares seguro que ganaré un montón de dinero. Pero dejando a un lado los beneficios que pueda obtener, ¿merece condena mi actividad especulativa? La respuesta es que no: he cumplido una valiosa función social.
Suponiendo que mi corazonada sobre las condiciones futuras de oferta y demanda que harán del maíz un bien más escaso sea correcta, ¿qué es lo socialmente sensato ahora que hay más cantidad disponible que en el futuro? La respuesta es consumir menos maíz. ¿Cómo se consigue que la gente consuma voluntariamente menos maíz? Quien diga "permitiendo que el precio suba", tiene un punto positivo. Eso es justamente lo que sucede cuando yo y otros especuladores compramos ahora maíz, que el precio del maíz se elevará paulatinamente. El resultado es que ahora la gente consumirá menos maíz y habrá más disponible en mayo de 2009 del que habría si su precio hoy hubiera permanecido en 6 dólares. El mercado de futuros cumple la valiosa función de distribuir bienes a lo largo del tiempo. Tener en cuenta el futuro en las decisiones de hoy es una postura inteligente.
El mercado de futuros no es ninguna garantía de beneficios. Mi corazonada podría ser errónea. Podría haber una cosecha de maíz excepcionalmente buena y su precio en mayo de 2009 caer a los 3 dólares por unidad. En mayo de 2009, yo tendría que vender a 3 dólares el maíz que compré hoy a 6 dólares, y por tanto sufrir grandes pérdidas.
De una forma u otra, todos somos especuladores. El pasado mes de agosto, la empresa de gasóleo para calefacción de mi casa lanzó una oferta a sus clientes: comprar 3.500 litros de gasóleo al precio de entonces, 70 centavos el litro. Yo me apunté, esperando que durante los meses de invierno los precios del gasóleo se elevarían. El año anterior había comprado otros 3.500 litros y salí perdiendo porque el gasóleo de calefacción se desplomó desde el precio que tenía cuando lo adquirí. Otro ejemplo de especulación cotidiana es que cuando esperamos que los precios de la gasolina suban en una semana, llenamos el depósito en esta.
El mercado de futuros, que tiene en cuenta tanto la disponibilidad presente de bienes como la futura, es vital para que una economía funcione con los menores altibajos posibles. Por desgracia, eso no le sirve de consuelo a quienes están comprensiblemente irritados por los elevados precios de la comida y los combustibles. Una frustración que aprovechan demagogos, charlatanes y matasanos para echarle la culpa a los mercados de futuros de los problemas que ellos mismos han creado y preparan "soluciones" para que la situación empeore aún más. Y es que la subida de los precios de la comida y los combustibles está directamente relacionada con las políticas del Congreso y la Casa Blanca.
© Creators Syndicate, inc.
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