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Desde 2002, cada primavera y verano las tropas aliadas en Afganistán esperan en alerta un endurecimiento de la ofensiva talibán. Este año no ha sido una excepción. En los dos últimos meses han muerto más soldados estadounidenses y de la OTAN en Afganistán que en Irak. Al incremento de las bajas hay que añadir el sangriento atentado con un coche suicida a las puertas de la embajada de la India en Kabul. Un duro revés, sobre todo para uno de los principales aliados de Afganistán desde la caída del régimen talibán.
En 2001 la India inició una cuidada estrategia en Afganistán reabriendo los consulados en Kandahar y Jalalabad, cerrados desde 1979, y abriendo otros nuevos en Herat y Mazhar-e- Sharif. Se convirtió en uno de los principales países donantes para la reconstrucción del país, entregó alimentos y comprometió fondos para la educación, la salud, y las telecomunicaciones. Los indios han logrado tener un alto perfil entre los afganos, algo que su eterno rival, Pakistán, mira con recelo.
No cabe duda de que el éxito indio en Afganistán causa un gran revuelo en Islamabad, donde la creciente influencia de Nueva Delhi en la región supone una disminución de la suya. Pervez Musharrah llegó incluso a acusar abiertamente al presidente afgano, Hamid Karzai, de doblegarse ante la India, y también a incriminar a Nueva Delhi de canalización de armas y dinero a los insurgentes de la región pakistaní de Balochistán.
El último atentado en Kabul no ha sido el primero contra intereses indios. Los talibanes han raptado y asesinados a ciudadanos de ese país y han atacado varios consulados a lo largo de estos años. Es un blanco más fácil que las tropas de la coalición internacional. Parece bastante claro que los talibanes y Pakistán quieren a la India fuera de Afganistán. Por eso todo indica, y así lo asegura el ministerio del interior afgano, que en el último ataque contra la embajada india han tenido que ver los talibanes y el servicio de inteligencia paquistaní (ISI).
El brutal atentado es algo más que el reflejo de la rivalidad indo-pakistaní. El uso de un coche suicida, técnica usada por Al-Qaeda en Irak, demuestra cómo poco a poco el centro del yihadismo se desplaza desde Irak a Afganistán. Mientras tanto, las fuerzas de la OTAN y de Estados Unidos continúan avanzando y alcanzando áreas que hasta hace poco estaban bajo el poder de los talibanes, lo que sin duda ha llevado a un aumento de los ataques y por tanto de las bajas de la coalición. Se necesitan más tropas para seguir avanzando y para combatir en las operaciones. Y como siempre, la Alianza no dispone de nuevos efectivos porque la mayoría de los aliados no están dispuestos a ofrecer más. Adiós a los compromisos.
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