La edición de enero de 2007 ha sido la última del Premio Ebro Puleva de periodismo económico para jóvenes. Queremos agradecer a todos los concursantes su participación durante todos estos años.

Una de las premisas del liberalismo económico nos dice que la no intervención de un tercero (el Estado) en las relaciones del mercado es la mejor garantía para conseguir el progreso de la sociedad. Tomando como base esta proposición, veamos dos recientes ejemplos de movimientos empresariales en los que podemos comprobar su validez.
La mayor empresa del acero del mundo, Mittal Steel, propiedad del magnate indio Lakshmi Mittal, ha lanzado una feroz OPA sobre otro gigante del sector, Arcelor. Para pagar la operación Mittal ha ofrecido un intercambio accionarial (4 acciones propias y 35 euros por 5 acciones de Arcelor), de unos 4.700 millones de euros en metálico. Ante este "ataque" podemos preguntarnos cómo han reaccionado tanto la empresa europea como el mercado.
Arcelor, en un legítimo gesto de defensa, ha comenzado a mimar tanto a los accionistas de la compañía como a los trabajadores. Teniendo en cuenta que más del 80 por ciento de la empresa está en la Bolsa, la dirección de la empresa, encabezada por Guy Dollé, no ha dejado de anunciar medidas para aumentar el dividendo por acción, nuevas compras que darán más valor a la compañía e incluso ha animado a las direcciones de las factorías a fomentar una paz social y evitar, en estos delicados momentos, revueltas de los trabajadores. A estos últimos incluso se les ha ofrecido controlar hasta el 5% de la empresa. ¿Qué vemos en estos movimientos? Que la actual dirección de la empresa considera peligrosa la llegada del poderoso empresario indio y aprovecha todas las armas que tiene a su disposición para evitar su entrada. Más dividendos, más trabajo y más seguro, más inversiones... Todos ganan, accionistas y trabajadores. Gana valor la compañía. Gana el mercado.
Desde hace unos meses acudimos también al espectáculo ofrecido por dos empresas de nuestro país en un proceso en principio similar al visto anteriormente. Gas Natural lanza una OPA sobre Endesa. Hasta aquí todo parece normal. Sin embargo descubres que la gasista es una empresa mucho más pequeña que la eléctrica, o que el valor por acción ofrecido es inferior al precio del Mercado. También es extraño que Gas Natural pague más de la mitad de la operación con acciones propias. Además, como tampoco posee todo el capital necesario para realizar la compra, pacta con un tercero (la eléctrica Iberdrola) la venta a posteriori de parte de los activos de Endesa. Curioso ¿verdad? Pero es que si añadimos que de repente el liberal Gobierno español (Montilla dixit) modifica la ley para limitar otra OPA lanzada simultáneamente por la gran eléctrica alemana E.On, que paga más que la gasista por Endesa, sin desmembrarla, que mantiene la actual estructura empresarial... No se entiende nada.
Y no se entiende porque si en el caso de Arcelor el libre mercado está beneficiando a muchísimos colectivos y generando riqueza, en el caso de la OPA sobre Endesa todos perdemos: la eléctrica porque la venta a Gas Natural supondría su desaparición como la gran empresa que ahora es; los consumidores porque dejan de disfrutar de una sólida compañía capaz de afrontar cualquier percance en el maltrecho panorama eléctrico español y el Gobierno porque E.On es un necesario aliado internacional. España se nutre del gas de Argelia, y E.On es el principal importador de gas ruso, por lo que nuestra dependencia del gas norteafricano disminuye considerablemente. Pero a pesar de ser la alemana una novia más guapa, inteligente y atractiva, nuestro Gobierno prefiere a la pequeña y desafortunada gasista española.
La aplicación de un estricto liberalismo económico no es ningún capricho ni debe estar sujeto a gobiernos de determinado signo. Durante las últimas décadas se ha mostrado como la opción más válida para crear riqueza y progreso, eso sí, para todos, no para aquellos interesados capaces de ir contra toda ley para beneficiar "a los de siempre".
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