Un militar de carrera que, como resultado de la crisis política, de lento desarrollo desde la década de 1940 a la de 1970, terminó de Presidente de la República, encabezando una revolución liberal que influyó en casi todo el mundo, tras los cambios del mismo signo en la década de 1980 a cargo de Margaret Thatcher en Gran Bretaña y Ronald Reagan en Estados Unidos.
El gobierno marxista de Salvador Allende liquidó la más bien formal democracia chilena, como resultado de una desastrosa política económica, que paralizó el crecimiento y llevó la inflación a un 1.000 por ciento anual, junto a un intento de centralizar el poder político en la línea del totalitarismo de Fidel Castro.
Augusto Pinochet fue designado por Salvador Allende como Comandante en Jefe del Ejército y mantuvo el orden hasta que la situación hizo crisis por la extendida oposición del grueso de la población a un gobierno que pretendía establecer una dictadura marxista y que hablaba de la inminente guerra civil, alimentada por grupos armados irregulares tolerados por los gobernantes.
Pinochet presidió un gobierno institucional de las Fuerzas Armadas, que se extendió desde 1973 a 1990, mostrando una notable habilidad en las designaciones políticas y militares. Reprimió con vigor la violencia de grupos armados y hasta abusivamente a la minoría opositora, buena parte de la cual había respaldado el frustrado intento de dictadura marxista. En esto contó con el apoyo del grueso de los chilenos, que no querían dicha dictadura y que se encontraban en la ruina económica.
Se ha criticado a Pinochet por la represión. Probablemente los uniformados sobrereaccionaron, engañados por el poder armado que los socialistas revolucionarios decían tener o que realmente tenían pero no pudieron usar. Hubo, además, excesos derivados del ambiente de anticomunismo y de elementos irresponsables del aparato de seguridad.
Pinochet llevó a Chile al período más prolongado e intenso de crecimiento económico, el doble del resto del mundo, por casi 20 años. Sus reformas se imitaron y después, al entregar el poder a sus opositores, los convirtió a fórmulas económicas más liberales y modernas.
Para Pinochet no fue fácil hacer cambios por la generalizada oposición de civiles y uniformados a las reformas liberales. Además, la existencia de una activa formalidad legal y de un poder institucionalizado, efectivamente repartido entre los cuatro miembros de la junta militar gobernante, que trabajaba como una suerte de parlamento, controló siempre la toma de decisiones. La habilidad de Pinochet impidió una guerra con Argentina, que sin duda habría costado miles de muertes.
El máximo experto, por décadas, en seguridad de Estados Unidos, el recién fallecido Vernon Walters, y Margaret Thatcher rindieron sucesivos homenajes al genio de Pinochet, reconociendo su aporte a la sociedad libre y moderna, a la lucha contra el marxismo y el terrorismo y a la salvación de miles de vidas de chilenos, argentinos e ingleses. Fidel Castro, por su parte, sostuvo en privado que el progreso de Chile se debió a Pinochet. Éste fue uno de los primeros estadistas en denunciar y combatir a los terroristas, cuando muchos los disculpaban y alababan como jóvenes idealistas, al servicio de los débiles y en contra de los ricos y poderosos o de potencias imperiales como Estados Unidos. En esto se adelantó en casi 30 años al presidente norteamericano George W. Bush, al primer ministro inglés Tony Blair y a otros dirigentes mundiales. El golpe militar chileno contra los extremistas fue el 11 de septiembre de 1973, igual día y mes que el del comienzo de la lucha mundial contra los terroristas, declarada enseguida del ataque a las Torres Gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001.
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AIPE
Álvaro Bardón es profesor de economía, Universidad Finis Térrea, y fue presidente del Banco Central de Chile.