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TURISMO SEXUAL
La Madame de Cuba tiene barba
El turismo sexual sigue en crecimiento en Cuba y atrapar a un extranjero una de las maneras de escapar de la dictadura. V. L.
En el pasado año, 4169 parejas mixtas se inscribieron en los consulados de España en Cuba. Antes, los españoles emigraban a la Isla a trabajar, a procurarse un futuro y a crear riqueza. Hoy, los que visitan Cuba sólo quieren bailar ‘cha-cha-cha’ y empatarse si pueden con alguna cubana.
Desesperados porque en España no se ‘comen una rosca’, tienen que ir tan lejos para que una mujer necesitada les ‘eche cuentas’, y les mire a los ojos mientras les pesa la cartera. Enamorar a un extranjero significa para las cubanas poder huir de la cárcel castrista y tener a corto plazo el futuro asegurado fuera de la Isla. Y en cualquier caso, es mejor para ellas, prostituirse con uno y de una vez, que con cientos noche a noche. Los cubanos desde siempre consideran a los españoles (gallegos) tontos, trabajadores en exceso y grandes tacaños.
Desgraciadamente en la primera consideración el tiempo parece haberles dado la razón. Muy bobo hay que ser para creer que una cubana insultantemente joven y escultural, se va a enamorar en tres días de un extranjero maduro e inseguro. Es simplemente prostitución nada encubierta. En España estos probos ciudadanos jamás se casarían con una (jinetera) prostituta. Sin embargo en Cuba, entre la luna y el sol, el ron y el calor, los sentidos se estimulan, la autoestima se multiplica y los prejuicios desaparecen.
La cubana sólo busca ‘resolver’. Casi seguro que ya está ‘empatada’, y que su único deseo no fingido es el de ‘volar’, escapar de Castro sin exponerse a los tiburones. Por algo le ha puesto tantas velas a San Lázaro. Quiere pillar a un extranjero y si es ‘gallego’ mucho mejor.
Una vez en España ya tendrá tiempo de abandonarlo. Aunque nunca antes de adornarle la frente y vaciarle la cartera, que tiene que enviar muchos dólares a su mulato cubano. Por algo los dos se sacrifican tanto. ¡Qué se habrá creído este gallego tonto! Triste historia en la que sólo hay víctimas; la cubana obligada a prostituirse, y el español desesperado, que en busca de afecto femenino, se creyó Don Juan en La Habana Vieja. Dos víctimas y un culpable. El omnipresente culpable, la gran Madame de Cuba, Fidel Castro Ruz.
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