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Lo que va de Uriarte a Munilla: "A las víctimas del terrorismo no les corresponde decidir"

Uriarte equiparó a víctimas y verdugos en una conferencia en la Fundación Sabino Arana mientras Munilla deja muy claro el futuro a los etarras.

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La sensibilidad con las víctimas del terrorismo es uno de los temas que más se ha descuidado en los últimos años en una buena parte del clero vasco y en una iglesia que aparecía dividida. Aunque las cosas van poco a poco experimentando un interesante giro: se ha pasado de Setién y Uriarte a Munilla, un obispo que no está atado por el nacionalismo ni es deudor del PNV y otros sectores más radicales.

Ejemplo de esto es la última conferencia del obispo emérito de San Sebastián, Juan María Uriarte. Este miércoles pronunció una conferencia invitado por la Fundación Sabino Arana, muy próxima al PNV. En ella no dudó en equiparar, como ha hecho en otras ocasiones, a víctimas y verdugos.

El prelado emérito afirmó que "las víctimas tienen derecho a que se les haga justicia porque la impunidad desacredita el orden moral y legal y ello invita a nuevas transgresiones". Sin embargo, tras esta afirmación volvió al discurso que tanto daño hizo a la imagen de la iglesia durante los 80 y los 90 cuando dijo que a las víctimas "no les corresponde decidir sobre pacificación o sobre política penitenciaria".

Para justificar estas palabras Uriarte indicó, tal y como recoge Efe, que "no todas las víctimas mortales han sido provocadas por ETA, sino también por el GAL, el Batallón Vasco Español y otros grupos menos conocidos". Y es que en su opinión "hay víctimas inocentes y otras que no lo son. Hay víctimas que han sido a la vez agresores y agredidos. Todas ellas requieren nuestra atención, que ha de ser diferencia según estas circunstancias".

En su intervención en la Fundación Sabino Arana, el que fuera obispo titular de San Sebastián indicó también que "bastantes víctimas experimentan una poderosa resistencia a perdonar a sus agresores y, además, en estos agresores subyace un rechazo a pedir perdón".

Por ello, abogó por esta medida: "reparar el pasado no es olvidarlo, sino mirarlo de otra manera" y acabó su intervención pidiendo que ETA deje el terrorismo y que el Gobierno desarrolle una política penitenciaria "más justa y humano".

El nuevo camino en el País Vasco

En contraposición a Uriarte y representando la nueva línea que la Iglesia quiere para el País Vasco se encuentra el actual obispo de San Sebastián, Juan Ignacio Munilla. En repetidas ocasiones se ha manifestado cercano a las víctimas del terrorismo y ha propuesto que éstas sean un elemento esencial.

El pasado fin de semana reflexionó sobre ETA en una carta pastoral destinada a los católicos guipuzcoanos. Afirma que la paz en el País Vasco "no puede nacer de meros pactos políticos" sino que necesita de "la conversión de los corazones" porque sin ella "no hay reconciliación y sin reconciliación no podrá haber nunca una paz auténtica". Por ello, afirmó a los fieles de su Diócesis que "nos sentimos llamados a acompañar a las víctimas que sufren y ofrecemos en el Evangelio consuelo y medicina para todos".

El mes pasado en el santuario de Aranzázu, en Oñate, durante la fiesta de la patrona de Guipuzcoa, se dirigió a la banda terrorista de manera contundente: "recomponer tanto dolor y sanar tanto rencor, exige un ejercicio muy serio de transparencia" y que "no cabe dejar la menor duda de aprobación de la violencia: ni en el pasado, ni en el presente, ni en el futuro. Además reiteró la obligación de la Iglesia de "arropar con solicitud cristiana a las víctimas de la violencia".

También en Loyola agregó, mientras era boicoteado por Bildu, que los etarras debían pedir perdón a sus víctimas como primer paso. El segundo sería debía ser el arrepentimiento sincero antes de cualquier otra cosa. Y en un claro mensaje a los bildutarras dijo: "invito a los católicos que practicaron la violencia, o que la apoyaron, o que simplemente albergan odio en sus corazones, a que se abran al perdón de Dios, que se les ofrece siempre en el sacramento de la confesión".

De hecho, poco después de ser nombrado y mientras era duramente atacado por una parte de su clero y por los partidos nacionalistas e independentistas, Munilla no se arrugó e hizo una encendida defensa de las víctimas. En su opinión, éstas "merecen un trato y un mimo especial" puesto que el trato que se les ha dado a lo largo de los años "es un problema de la sociedad vasca".

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