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El clero nacionalista y su histórico desprecio a las víctimas del terrorismo

Una carta de los jesuitas habla de incomprensión ante su histórica complacencia con ETA. El clero nacionalista iguala a víctimas y verdugos.

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El anuncio de la banda terrorista ETA del "cese definitivo de la violencia" ha sacado a la luz una vez más el papel que ha desempeñado una parte significativa del clero vasco y de algunas órdenes religiosas con respecto a ETA y sus cientos de víctimas.

El sector más nacionalista, y también el más proetarra, de los religiosos vascos ha manifestado rápidamente su alegría por el comunicado pero no ha tardado ni un segundo en igualar sin ningún tipo de problemas a víctimas y verdugos. Además, en muchos casos exigen a las víctimas del terrorismo el perdón que les niegan sus asesinos.

Nada de esto extraña si se tiene en cuenta la displicencia que han tenido con las víctimas los últimos obispos de San Sebastián, José María Setién y Juan María Uriarte. El primero llegó a decir a María San Gil tras el asesinato de Gregorio Ordoñez que "dónde está escrito que hay que querer a todos los hijos por igual". El segundo hace menos de un mes lanzaba una premonitoria advertencia: "a las víctimas no les corresponde decidir sobre pacificación o sobre política penitenciaria". Solo el actual prelado, Juan Ignacio Munilla ha roto con esta tendencia y ha salido en repetidas ocasiones en defensa de las víctimas del terrorismo.

Sin embargo, el comunicado etarra ha puesto a cada uno en su lugar y ha mostrado a las claras el papel que han desempeñado durante estas décadas de poder. Muy clarificador ha sido el papel de los jesuitas, que dieron cobijo a ETA en numerosas ocasiones en el País Vasco. El pasado 24 de octubre el provincial de los jesuita de Loyola, que engloba a las provincias vascas y Navarra, Juan José Etxeberría, envió una carta a todos los frailes de la zona acerca del comunicado de ETA.

Con un historial oscuro de vínculos con ETA, fue en sus santuarios donde se celebraron sus primeras asambleas, el representante jesuita de esta provincia comparte su "alegría general" con este comunicado. A partir de aquí comienzan los argumentos más que discutibles del provincial al hablar del "contexto doloroso y conflictivo" que han vivido ellos "tanto de modo personal como institucional" y cómo siempre han buscado "formas de estar presentes en nuestra realidad social, intentando caminos de reconciliación".

Sin embargo, Etxeberría continúa con este argumento victimista y dice que "no siempre se ha entendido esta postura de búsqueda de la paz", curiosamente siempre más cercana a los postulados del entorno etarra negando incluso ofrecer una misa por víctimas. "Algunas opciones y compromisos han costado a algunos compañeros nuestros desde amenazas de muerte, y tener que vivir con escolta, hasta un encarcelamiento injusto".

Con esto último se refiere a la detención del jesuita Txema Auzmendi, detenido en la casa que la orden tiene en Loyola por su presunta vinculación a ETA. Este religioso era miembro del Consejo de Redacción de Egunkaria e hizo suyas las tesis etarras al denunciar torturas por parte de la Guardia Civil. Pero tal y como ha podido saber Libertad Digital, los agentes no sólo no torturaron a este fraile sino permitieron incluso que el jesuita detenido pudiera rezar durante un momento en la capilla antes de ser trasladado a dependencias del Instituto Armado.

El provincial continúa el comunicado proponiendo un mayor diálogo y entendimiento entre las partes y resalta "las cuestiones de las identidades culturales o la de las sensibilidades nacionales".

Esta postura defendida por los jesuitas, y que no es compartida por todos los miembros de esta orden en la zona, no es aislada. Coincide que muchos de los sacerdotes que se opusieron a la llegada de Munilla por "españolista" también son los que igualan a terroristas y víctimas.

Por poner un ejemplo, José María Ormazabal, párroco de la iglesia de Santa Cruz en Andoain, no se anda por las ramas y dice en El País lo que el clero nacionalista opina. "Entiendo que el que ha sufrido la muerte de un familiar sienta un dolor tremendo, pero también hubo otras muertes. No sólo ahora, también durante el franquismo, la Guerra Civil...", llega a asegurar.

Estos sacerdotes han criticado duramente a su obispo por la carta que leyó tras el comunicado de ETA y en el que mandaba un recuerdo especial a las víctimas. Sabino Ayestarán afirma que el lenguaje del prelado "aquí no cae bien". Asegura que en el texto de Munilla "no hay víctimas de la otra parte ni ninguna referencia a alguna injusticia cometida contra el pueblo vasco. Munilla no siente el nacionalismo, no siente el orgullo de ser vasco. Nunca se ha sentido de este pueblo".

Esta tesitura también fue rápidamente apoyada por el denominado Eutsi Berrituz, grupo formado por sacerdotes y laicos de Guipúzcoa, tal y como ellos mismos se definen. Como si nada hubieran hecho los etarras los autodefinidos como cristianos piden "acabar con la dispersión de los presos" así como "adoptar unas medidas más humanas para con ellos".

Una vez dicho esto siguen con sus reivindicaciones políticas y exigen que se "tomen en consideración los derechos y demandas de Euskal Herria" y a continuación dan su "beneplácito" al comunicado etarra.

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