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CONSIGUE DIRECTAMENTE EL TERCER GRADO

Un sobrino de Chaves condenado por abusar de menores evita ir a la cárcel

Instituciones Penitenciarias concedió a Jaime Chaves directamente el tercer grado. Durante tres semanas sólo acudió a prisión a dormir.

Pedro de Tena

 

Se le impusieron tres años por abusar de dos menores, pero se le puso en tercer grado. Se trata de Jaime Chaves Díaz, hijo de Antonio Chaves González, hermano del vicepresidente del gobierno Manuel Chaves y por tanto, sobrino carnal de éste. Jaime Chaves fue condenado en sentencia firme el pasado mes de junio a una pena de tres años y medio de prisión por abusar sexualmente de dos adolescentes de 14 y 15 años, pero sólo acude a un centro penitenciario a dormir sin que nadie se explique la "concesión" porque es contraria a las prácticas habituales.

Según la sentencia y cuenta El Mundo, sometió a tocamientos a las dos chicas, a las que daba clase de pádel en el colegio El Altillo, en Jerez. En contra de la práctica general, la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, que dirige Mercedes Gallizo, le otorgó el tercer grado de forma automática sólo tres semanas después de que comenzara a cumplir la condena que dictó la Audiencia de Jerez, que confirmó una resolución anterior del Juzgado de lo Penal número 1 de esa localidad.

La concesión del tercer grado penitenciario a Jaime Chaves tuvo lugar a finales del pasado mes de octubre y a propuesta de la Junta de Tratamiento del Centro de Inserción Social (CIS) Jiménez de Asúa de Sevilla, en el que se había presentado de forma voluntaria el sobrino del vicepresidente el 13 de septiembre para cumplir la pena impuesta. Chaves Díaz se personó con la sentencia en la mano en el CIS sevillano y no en la cárcel, como suele ser lo habitual. La dirección del centro, nombrada hace dos años por Gallizo, pidió información al juzgado de procedencia de la causa y mantuvo al reo sin clasificar durante varias semanas, optando por no remitirlo a la colindante prisión de Sevilla I, como hace en otros casos.

A finales de octubre pasado, la Junta de Tratamiento -formada por un educador, un trabajador social, un psicólogo y la directora y la subdirectora del centro- estudió la situación del sobrino de Manuel Chaves y decidió proponer, directamente, su clasificación en tercer grado, lo que se traduce, en la práctica, en que sólo acude al recinto penitenciario a dormir de lunes a jueves.

Cuando menos y sin prejuzgar si ha habido o no trato de favor, parece que el procedimiento que se ha seguido en el caso de Jaime Chaves es extraño. Jaime Chaves no ha pasado por una situación intermedia, segundo grado por ejemplo, pese a que su condena no es pequeña (tres años y medio de privación de libertad, que es una gran condena penal para quien no tiene antecedentes). Además, está la gravedad de los hechos, abusos sexuales a dos menores de edad que eran alumnos suyos. Y como gota final que colma el vaso, ni siquiera ha abonado las indemnizaciones ordenadas en la sentencia, de 10.000 y 8.000 euros, respectivamente, a sus dos víctimas.

La importancia de llamarse Chaves

Más que Borbón, más que Urdangarín. La importancia de llamarse Chaves es mayúscula, superlativa, casi omnipotente. Todo comenzó con un préstamo impagado en la Caja de Ahorros de Jerez, hecho desaparecer del circuito informático de la entidad y cargado a pérdidas por la cara. Se denunció, se probó y no pasó nada. Uno de sus titulares era Manuel Chaves González y el resto 31 dirigentes del PSOE gaditano. Corría el año 1995 cuando se descubrió el pastel.

Luego, vino el escándalo de Leonardo Chaves, uno de los hermanos de Manuel, en la Diputación de Sevilla, donde amigos suyos y él mismo, como accionista de unas empresas, se beneficiaron de contratos de la Diputación. Fue en 1998.

Por supuesto, está el caso Climo Cubiertas, en la que el propio Leonardo, ascendido a director general de Deportes e Infraestructuras deportivas de la Junta andaluza mientras era presidente su hermano Manuel, concedió y adjudicó a la empresa Climo Cubiertas contratos millonarios para la construcción de piscinas cubiertas y otros equipamientos públicos. El conseguidor se llama Antonio José Chaves González, otro hermano de Manuel, y padre, precisamente, del Chaves que nos ocupa hoy, Jaime Chaves Díaz.

Recordarán, por terminar aquí un relato que podría ser mucho mayor, los casos MATSA -una subvención a fondo de perdido de 10 millones de euros a la empresa en la que trabajaba su hija, Paula - y la labor de comisionista de la Junta de su propio hijo, Iván Chaves. Y nada. De presidente del PSOE en España y aspirando a sucederse a sí mismo. Esa es la importancia de llamarse Chaves.

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