
"Rajoy no logra apaciguar a los mercados" y, claro, "los esfuerzos inútiles suelen conducir a la melancolía", dice Carmen Remírez de Ganuza en El Mundo. Ese cree que debe de ser el "estado anímico" de Rajoy después de su comparecencia, "un esfuerzo tan grande como ineficaz", dice para ayudar. Encima, Pedro J. le atiza por comparecer en la sede del PP. "Rajoy dio la cara ante la opinión pública en unas horas críticas en los mercados, aunque la sede del PP no fuera la ideal". Y lo mismo Arcadi Espada: "El presidente Rajoy solo tiene una casa. La Moncloa. La casa común. Ciertamente, a veces podrá volver a su ppsito de soltero: pero solo para fiestecillas partidarias. Cuando tenga que hablar a las autoridades y a los mercados, Rajoy debe hacerlo en La Moncloa" porque verlo en la tribuna del PP "tiene un maligno efecto melancólico". En El Mundo andan un poco mustios.
Tampoco es que reine la alegría en ABC. "El problema ante estos mensajes de confianza es que los mercados no están reaccionando como se esperaba (...) España asusta, aunque ya no por lo que oculta" como con Zapatero, "sino por lo que muestra. Y lo que muestra es muy grave". Y eso que "se presentó ante los periodistas con un aspecto tranquilo y un discurso más suave respecto al que había ofrecido a la dirección del PP", pobres, qué les diría. Eso sí, Rajoy "hizo bien en comparecer y someterse a una rueda de prensa absolutamente necesaria para trasmitir presencia y liderazgo", dice sin gran entusiasmo.
Ni siquiera La Razón tira cohetes. Rajoy mantuvo una "oportuna comparecencia pública en la que acertó al difundir un mensaje de claridad y serenidad", pero claro, compréndanlo, lo tiene superdifícil, "se trata de recuperar la confianza perdida tras la gestión del gobierno socialista".
La Gaceta también lo ve todo negro como la noche así que pasa de puntillas. "Nuevo lunes negro y todo ello a pesar de que Mariano Rajoy ha ofrecido una rueda de prensa y ha dado la cara". Pero ni por esas.
Así que, El País ni les cuento. "Rajoy no logra parar la espiral de desconfianza por la crisis de Bankia". Dice Carlos E. Cué que "compareció para tranquilizar a los ciudadanos y a los mercados", pero "no parece que lo consiguiera". Incluso "más bien al contrario, tras su intervención, la prima de riesgo, que había moderado su escalada, volvió a subir con fuerza y la bolsa intensificó su caída". Tal fue el susto que se pegaron al ver al presidente hablando con los periodistas. Si es que ya lo dice El País, nada melancólico. "No es de extrañar, porque sus mensajes fueron genéricos y poco convincentes, prueba de que el gobierno tiende peligrosamente hacia la resignación (...) El gobierno de España pierde credibilidad a chorros", toma castañazo.