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(Libertad Digital) En su habitual estilo denso, el juez de la Audiencia Nacional dedicaba su carta a Aznar por “dirigir esta locura con una sordera tan desconcertante como peligrosa”. Para empezar, algunos insultos: “A veces, señor presidente, me da la sensación de que enfrente no tenemos políticos —utilizo el término en el sentido clásico del mismo y no en la derivación utilitarista que muchos le dan ahora—, sino muros de piedra resbaladiza por la humedad y el humus pestilente de quienes carecen de sentimientos”.
Amparado en el calor de las manifestaciones, en las que se dedicaba a leer manifiestos, el juez decía en El País que no recuerda “un grado de protesta y de auténtica rebelión popular como el que su postura, señor presidente del Gobierno, está generando en todos los estratos y clases sociales españoles. Tampoco recuerdo mayor grado de cinismo en algunos líderes políticos, que utilizando toda la demagogia y la manipulación de los medios de comunicación que controlan confunden gravemente a los ciudadanos jugando con su seguridad y sometiéndolos a un bombardeo constante de mentiras y medias verdades que apenas les dejan respirar”.
Acusaba a Aznar y a todo el PP de menospreciar “a aquellos que les hemos dado legitimidad democrática en las urnas con nuestros votos, positivos o negativos, obligándonos a la aceptación de una realidad inexistente y a un estado de cosas, creado a propósito por alguno de ellos, para justificar ahora la pesadilla que sufrimos la mayoría en todos los países de la Tierra”.
Con los actores y animando a la disidencia
Garzón dirigía también sus líneas a los cargos del PP para que se desmarquesen de Aznar y criticaba la actitud ante algunos actores que ya por entonces estaban empeñados en sabotear cualquier acto del PP o del Gobierno: “He comprobado cómo una vez más se impone la ley no escrita de la sumisión acrítica de los diputados del Grupo Popular y, cómo algunos, en forma desafortunada, insultaban a los actores que dignamente discrepaban en silencio desde la tribuna”. Poco después, adopta el tono dramático que ya no abandona hasta el final del interminable artículo: “...y he sentido miedo, un miedo frío, físico, palpable y denso como el chapapote; pero también he constatado cómo alguno de ellos, al aplaudir y al sonreír, se removía en su escaño, sin duda pensando en la vergüenza que tendría que pasar cuando, al llegar a su casa, tuviera que mirar a sus hijos, a sus padres, a su esposa o a su marido y explicarles lo inexplicable. A estos últimos me dirijo, pidiéndoles que expresen lo que sienten y que actúen en consecuencia”.
Al estilo Llamazares, con acusaciones de franquismo
Seguía dirigiéndose a los militantes populares: “Pero, a la vez, y lo digo con el cariño que le tengo a algunos, callan en forma cobarde, temiendo las consecuencias de su discrepancia ante sus dirigentes. Por mi parte siento pavor de que su miedo, el de «prietas las filas, recias, marciales, nuestras escuadras va...» o el de las apelaciones del señor Rajoy «al orgullo, al honor y las convicciones», se confundan con mi miedo y el de los españoles que, en defensa de nuestra patria, nos oponemos a una guerra injusta desde la libertad y la coherencia".
Cabe hasta la acusación de futuros crímenes: “...no olviden que serán responsables de cada una de las vidas que se pierdan en esta posible guerra, incluida la de los soldados españoles que sean enviados al escenario del conflicto”.
No hay conexión de Al-Qaeda con Sadam pero sí violaciones en Guantánamo
Al desbrozar las razones de Aznar para apoyar la guerra, decía: “No creo quebrantar ningún secreto profesional si digo que, al menos hasta donde yo conozco, no existe al día de hoy ni un solo indicio de que la implicación de Sadam Husseín con Al Qaeda existe”. Pero lo que sí tenía claro el caso de las violaciones de derechos humanos, en Irak... y en Guantánamo: “Hasta ahora sólo se ha hablado y, ello es cierto, de las violaciones masivas de los derechos fundamentales por parte de Sadam Husseín, pero nada se habla de las violaciones de los derechos humanos que Estados Unidos está cometiendo en forma flagrante y reiterada con los más de mil talibanes detenidos en Guantánamo”
En cuanto a la existencia de armas de destrucción masiva, la opinión del juez era que la razón es pueril y esgrimirla como argumento para la guerra conllevará un peligro para España, es decir, da la razón a Tarek Aziz: “Lo único que va a generar esta injusta guerra es (...) el aumento del terrorismo integrista a medio y largo plazo, el cual hallará una plataforma de justificación objetiva, de la que ahora carece. Su crecimiento en otros puntos del planeta, entre ellos España, como dijo Tarek Aziz, sin que se apreciara tono amenazante en su afirmación, sino constatación lógica de los hechos, es algo tan evidente como terrible y usted no quiere o no sabe verlo”.
El último párrafo, casi una sentencia judicial
Concluía el juez Baltasar Garzón con una síntesis a modo de fallo: “Señor presidente, con respeto pero con enorme firmeza, le digo que usted no puede ni debe ir de la mano de quien está haciendo gala con su política de la consumación de la doctrina de «los espacios sin derecho»; ni de la mano de quien se ha desvinculado de la Corte Penal Internacional; ni unido a quien, de hecho, está construyendo espacios de impunidad que perjudican a la comunidad internacional: ¿acaso usted tampoco cree en la justicia internacional?”.
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