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Los 15.000 espectadores que llenaban el recinto esperaban que el "Boss" y su banda salieran al escenario cuando el público situado de pie en la pista vio tomar asiento a Don Felipe y Doña Letizia acompañados por las infantas. Los espectadores dirigieron sus miradas hacia el lugar donde los miembros de la Familia Real estaban sentados y una parte del público situado en la pista comenzó a corear en tono festivo "¿Por qué no te callas?".
El Príncipe se incorporó entonces y saludó sonriente al público con un gesto que los espectadores devolvieron con aplausos y gritos. Cuando comenzó el concierto, se pudo ver a los Príncipes y a las infantas disfrutando de la actuación del Boss junto al resto de los fans del músico norteamericano.
El "Boss" tardó tres cuartos de hora en aparecer en el escenario, pero le bastaron diez minutos para hacer enloquecer a su público, el tiempo de arrancar su actuación con Radio Nowhere, la carta de presentación de Magic, que unió con No surrender, uno de los mejores temas del famoso Born in the USA.
Su grupo de toda la vida, la E Street Band, llegó a Madrid con dos novedades. El teclista Danny Federici se quedó en Estados Unidos para tratarse un melanoma y fue reemplazado por Charles Giordano, quien trabajó con Springsteen en la gira anterior. Tampoco vino la mujer del "Jefe", Patti Scialfa, quien permanece en su país con los hijos de la pareja, y fue sustituida por Soozie Tyrell, que colaboró hace cinco años en el álbum "The rising".
Dirigidos por un magistral Max Weinberg a la batería, con el carismático Steve Van Zandt y Nils Lofgren en las guitarras, el "profesor" Roy Bittan al piano, el poderoso Clarence Clemons al saxo y el discreto pero eficaz Garry Tallent al bajo, la banda sonó firme en el viaje que Springsteen emprendió por el presente y pasado de su carrera.
Sin tregua
A sus 58 años, el Jefe apenas dio tregua a su público. Tras un arranque trepidante encadenó Lonesone day y Gyspsy biker, antes de tomarse un respiro para hablar de la situación política de su país. Pero Springsteen es ajeno al desaliento y luego ejecutó una versión definitiva de Reason to believe (Una razón para creer), un rayo de esperanza que procede de uno de sus discos más oscuros, Nebraska.
Al echar la mirada atrás, el "Boss" recuperó en Madrid uno de sus álbumes más queridos por los fans, Darkness on the edge of town, de 1978, del que a lo largo del concierto regaló cuatro temas –Badlands, Candy's room, The promised land y la que da título al disco– para delirio de su público. Un público que coreaba los viejos temas, pero que también demostró haberse estudiado las letras de las canciones de "Magic"; que mantiene una fidelidad a la que Springsteen volvió a responder con una entrega total.
Tras una breve pausa, Springsteen y sus músicos regresaron al escenario para terminar de incendiar la noche con los bises, que empezaron con Girls in the summer clothes, que dedicó "a las chicas de Madrid". Luego llegó la traca final con el clásico Thunder road, que el público le había pedido a gritos, unido a Born to run y una irresistible versión de Dancing in the dark, para terminar con el festivo American land, que mantuvieron bailando a toda la audiencia -el Príncipe incluido-. El Jefe, que este lunes continúa su gira en Barakaldo, se despidió del público prometiendo volver en verano.
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