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Obligan al dueño del asador rebelde a cerrar su negocio: "Si no, me metían en el calabozo"

Finalmente no pudo evitarlo. La Junta de Andalucía se esmeró en este caso y ya por la noche la Policía Nacional, con orden judicial, procedió al cierre.

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Cuando los inspectores de Sanidad se presentaron esta tarde pasadas las cinco en el asador Guadalmina, la incertidumbre en el lugar era total. Los trabajadores del local se habían ido enterando de las últimas novedades por la prensa y el propietario, José Eugenio Arias, aún no había llegado. Se encontraba en la capital con el objetivo de recaudar firmas.

Y es que, tal y como explica en la página web Reformaoruina.com, para poder registrar la asociación que han creado es necesario "recoger al menos 500.000 firmas, para presentarlas ante el Defensor del Pueblo y el Congreso de los Diputados, para tratar de iniciar una cuestión de inconstitucionalidad".

La consejera andaluza, María Jesús Montero, anunció que esta misma tarde se procedería al cierre del asador por permitir fumar a sus clientes. En caso de que éste se negara se harían valer de la Policía para llevar a cabo la clausura del local.

Arias llegó cuando los inspectores ya se habían marchado. Y a las 19.00 horas el asador continuaba abierto. Pero finalmente, Sanidad cumplió su amenaza y envió a la Policía Nacional para clausurarlo.

"¡Que vengan, que ya estoy aquí!"

La nube de fotógrafos y de cámaras de televisión era tremenda. "Parecía que llegaba Belén Esteban", comentaban por la tarde a LD desde el asador. Por ello, a su propietario no le quedó más remedio que atenderles en la calle.

Realmente molesto e irritado, y es que – además – se ha visto obligado a suspender la campaña de recogida de firmas y coger un avión a toda prisa, Arias afirmaba tajante que no le iban a cerrar su negocio nadie. "No pueden hacerlo".

José Eugenio decidió atrincherarse en su restaurante e intentar impedir que el cierre se llevara a cabo. Lanzó una seria advertencia al gobierno socialista de la Junta de Andalucía. "Yo les estoy esperando: ¡que vengan, que ya estoy aquí! Han conseguido lo que querían, que era que dejara de recolectar firmas por toda España, porque eso les jode porque saben que las voy a conseguir; el pueblo está conmigo, la sociedad está conmigo, que vengan, que vengan; que venga el señor Griñán, la señora Montero, que vengan que ya estoy aquí, que intenten cerrarme el negocio".

Y es que según manifestaban desde el asador, éste va viento en popa. "No hemos notado la crisis". Es por ello que, tal y como señalan, la medida de permitir fumar en el establecimiento no sólo no les beneficia sino que les perjudica puesto que a él acuden asiduamente abogados, jueces, empresarios que no desean que la Policía, como ya ha ocurrido, les tome sus datos por estar fumando. Así no lo hacen, pues, para lucrarse.

"Voy a defender mi negocio a muerte y moriré matando"

Pero Arias no pensaba renunciar tan fácilmente: "Yo voy a defender mi negocio a muerte y moriré matando. Estoy en el uso de mis derechos como ciudadano, de mis derechos constitucionales y no voy a aceptar este atropello por parte de este gobierno dictatorial, marxista y terrorista".

Lo que dejó muy claro con sus palabras es que no va a cejar en su empeño, va a defender su negocio hasta el final y acudirá a los tribunales o tomará las medidas que sean necesarias para que el asador pueda seguir funcionando. "Hasta ahora he intentado guardar las formas, pero estoy empezando a perderlas; o sea, que tengan cuidado porque, igual que ellos están intentando amedrentar, que tengan cuidado porque tengo unos cojones más grandes que los de ellos. Fui amenazado por la ETA y estos mierdas, estos socialistas asquerosos que tenemos en este país, que nos han arruinado a todos los españoles, no les tengo ningún miedo. Les espero aquí". 

El calabozo

Además, aclaró que su negocio sólo puede ser precintado por orden judicial; desde la consejería de salud no pueden. "Sólo me puede cerrar el local la Guardia Civil con una orden judicial; absolutamente nadie más".

"En mi negocio existe el derecho de admisión y no va a entrar nadie que yo no quiera. Eso que quede muy clarito. No les voy a dejar entrar (a la Policía municipal) a no ser que vengan a pedirme la licencia de apertura, que están en su derecho, y se la dejaré por decimosexta vez", señaló.

Pues eso fue lo que finalmente ocurrió. Pasadas las nueve de la noche, después de haber despachado a una pareja de agentes, la Policía Nacional se presentaba en Guadalmina con una orden judicial. "Contra las Fuerzas de Seguridad no puedo luchar, yo no cierro, me obligan judicialmente a cerrar. Esta batalla la he perdido pero voy a seguir".

Y es que en su decisión ha pesado su familia: su mujer y sus hijos. "La policía judicial me ha dicho que de no hacerlo me meterían en el calabozo". Pero esto no va a quedar ahí... Recurrirá la decisión.

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