
Dentro, un folio con el siguiente texto: "Hola cabrón no te olvidamos por ser parte de la pandilla de sinvergüenzas que tenemos en el gobierno y usurpadores. Hasta que no acabemos contigo no pararemos", señala. Antes de la remesa de cartas, uno de los afectados recibió durante ocho meses llamadas a sus teléfonos fijos y móvil con insultos y amenazas. Algunas las cogieron sus hijos y tuvo que dar de baja sus números y salir del listín telefónico.
Se abren diligencias
El Cuerpo Nacional de Policía de Valladolid -especialmente la Brigada de Información y la Policía Científica- un Juzgado de Instrucción y el Juzgado Togado Militar nº 42 de Valladolid investigan la presunta implicación del teniente coronel médico E.A.L. -ahora destinado en Segovia- en el envío de las cartas amenazantes.
Estos presuntos delitos han dado pie a la apertura de diligencias. La más importante de ellas, realizada en dos ocasiones, ha sido el análisis caligráfico de los escritos amenazantes con otro manuscrito de E.A.L. Según fuentes judiciales de la investigación del caso, la similitud es concluyente, incluso al primer vistazo.
El cotejo de las letras fue posible gracias a una denuncia manuscrita que conservaba uno de ellos. E.A.L, le había llevado antes al Juzgado Militar por vulnerar la normativa sobre incompatibilidades, es decir, por trabajar por las tardes en una consulta.
El contexto en el que se produjeron las amenazas por carta y las llamadas, si se demostrara su culpabilidad, podría deberse a una animadversión casi patológica contra sus dos colegas, por envidia hacia las plazas de médico militar que ocupaban, afirmó el rotativo. Las fuentes castrenses consultadas le definen como víctima de delirio querulante, siempre viendo agravios y maltratos a sus intereses.
Una de las víctimas es titular de la plaza de médico en la Academia de Caballería de Valladolid y, por proximidad con su domicilio, ansiaba el denunciado. Otro ocupaba la vacante de médico en la cuarta Subinspección General del Ejército (Suige) Norte, en el acuartelamiento de San Isidro de Valladolid, una plaza que había ocupado E.A.L. hasta que se cogió una baja de tres años y acabó por perderla.
El temor del denunciante es que su sustituto echara raíces en "su" plaza, lo que no iba a permitir bajo ningún concepto. Por estas razones, según esta tesis, primero inició una batería de "acoso" y denuncias contra los afectados por incompatibilidades en el trabajo. La que llegó más lejos supuso una pena de un mes de cárcel a uno de los denunciantes.
Luego llegaron, supuestamente, las cartas con el 'gora ETA' y "hasta que acabemos contigo no pararemos". Todos los militares consultados coinciden en que E.A.L. es conflictivo y sufre delirios esporádicos. Él mismo llegó a alegar que "hace cosas raras" cuando no se medica.
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