C.JORDÁ
El libro,
Kapuscinski non fiction ha provocado una fuerte polémica en Polonia que se está extendiendo, como lo hizo la fama del reportero, por casi todo el mundo. No en vano, su autor,
Artur Domoslawski, que para hacer la cosa más complicada
era amigo y discípulo del autor de
Ébano, se ha acercado a uno de los mayores mitos del periodismo moderno... y el resultado ha gustado poco a muchos.
En la Polonia natal de ambos incluso
se ha planteado una demanda, presentada por la viuda de Kapuscinski, con la que se trataba de impedir la publicación de la biografía que, una vez superada la trampa judicial, finalmente llegó a las librerías este miércoles.
Aspectos polémicos
Uno de los aspectos más polémicos y que más ampollas ha levantado en Polonia, incluso entre miembros de la jerarquía católica que tanto luchó contra el comunismo, es
la relación de Kapuscinski con el Partido Comunista y el Estado polaco.
Es obvio que en un país totalitario no es posible ser periodista y tener una carrera como la del autor de
Imperio, pero la biografía desvela, o quizá sería más correcto decir confirma, que no fue una relación de conveniencia o pasajera.
Así, el libro revela que
Kapuscinski espió para los servicios secretos polacos y,
tal y como relata su biógrafo en una entrevista en El País, lo hizo por convencimiento:
“Creyó en el Partido Comunista de Polonia y construyó su carrera de escritor utilizando su posición privilegiada, no de un modo cínico sino como un creyente de verdad”. Así que en sus viajes como periodista no se limitaba a ser reportero sino que “colaboró con el espionaje polaco mientras era corresponsal en América Latina y África”.
La construcción de un mito
Otra parte de la biografía que ha generado no poca polémica es la relativa a las mentiras o medias verdades que el polaco difundió o permitió difundir respecto a sí mismo: además de sus propias “inexactitudes”,
Kapuscinski dejó que las mentiras de otros camparan a sus anchas, sin desmentir jamás nada que ayudase a edificar su propio mito.
Un mito que le resultó muy rentable tanto desde el punto de vista económico, sus libros están traducidos a más de 30 idiomas, como desde el del prestigio: acumuló premios y galardones como el
Príncipe de Asturias de Comunicación que se le concedió en 2003.
Su biógrafo admite que
no todo en la vida o los libros del periodista polaco es rigurosamente cierto, pero tampoco se atreve a llamarlo mentiroso, como podemos ver en la entrevista anteriormente citada de
El País: “Llamar a eso
mentira incluye un juicio moral que no comparto. La palabra
fabulación es más justa. Kapuscinski mismo usaba la expresión
intensificar la realidad para contar lo esencial sobre ella".
En definitiva, un libro llamado a la polémica y que probablemente dejará tocada la fama de un escritor al que muchos colegas y aun más lectores admiraban por su trabajo periodístico y que, a partir de ahora, puede que quede relegado, o quizá ascendido, al rango de fabulador.