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EL RECTOR GABILONDO NO HACE NADA

La acampada en la Autónoma cumple un mes entre protestas y coacciones

Un grupo minoritario de estudiantes ha acampado en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid. Duermen, cocinan y se asean diariamente en la misma Facultad. El pretexto es protestar contra el Plan Bolonia. Ni el decanato ni el rector Ángel Gabilondo hacen nada al respecto.

Acampada en la Facultad de Derecho de la UAM

LD (VRG/FDV) Los aularios de varios campus vuelven a ser un lugar de acampada para unas pocas decenas de estudiantes repantingados en pasillos y escaleras con el pretexto de alertar a la comunidad académica sobre los peligros del Espacio Europeo de Educación Superior, más conocido como reforma de Bolonia.

En la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), una autoproclamada Asamblea Permanente se ha instalado en la planta baja con tiendas de campaña, sacos de dormir, cocina portátil y menaje. Junto a todo ello, el grupo de estudiantes acampados ha hecho acopio de mobiliario viejo que han dispuesto a placer en medio de la sala que es, además, un lugar de mucho tránsito en la facultad.

El pasado viernes 27 de febrero, cuando Libertad Digital visitó el centro, no llegaba a diez el número de asamblearios. El resto de alumnos y profesores intentaban hacer vida normal: entraban y salían de clase, pasaban camino de la cafetería, conversaban en el exterior ajardinado, aprovechando el sol confortable de una precoz tarde primaveral.

Sin embargo, los hábitos insalubres del campamento se han convertido en un foco de quejas para un sector de los alumnos. Álvaro Vermoet, miembro del Claustro universitario y presidente de la Unión Democrática de Estudiantes (UDE), ha denunciado ante el rector Ángel Gabilondo la ocupación "ilícita" de las zonas comunes por una minoría que "cocina en los pasillos, utiliza los aseos públicos de forma antihigiénica e inhabilita pasillos enteros" para pasar por ellos.

El rector ha permitido la ocupación, al igual que su colega Carlos Berzosa lo consintió un año atrás en la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense.

La degradación de las condiciones de estudio, las prácticas intimidatorias contra quienes se atreven a denunciar su asentamiento ilegal y la estampa humillante de una universidad tomada por un grupo claramente minoritario y radicalizado por la impunidad de la que gozan, no parecen importar a las autoridades académicas.

La inmensa mayoría, que va a la Universidad a estudiar e investigar, y espera prestaciones de calidad en la Universidad pública que sus padres ayudan a sostener con sus impuestos, son condenados por sus propios rectores a someterse a la arrogante, y probablemente ilegal, apropiación de la facultad por una minoría, y a seguir rezagada respecto de las condiciones de estudio en otras universidades públicas y privadas.

El señor Vermoet ha intentado, en vano, que el rector Gabilondo use su autoridad para desalojar a los insalubres campistas, algunos de los cuales ni siquiera estudian en la facultad ocupada. "Le exijo que haga uso de estas facultades y cese la dejación de funciones que practica en estos momentos", conminó el claustral en una carta del pasado 23 de febrero, que todavía no ha tenido respuesta del rector.

Libertad Digital ha sido testigo del acoso a alumnos ajenos a la acampada, para que no den su opinión. Una estudiante de cuarto de Derecho comentaba su deseo de que levanten lo antes posible la ocupación "porque hay mal olor en los pasillos y la facultad no es un lugar para dormir ni para cocinar junto a las aulas. Es peligroso usar bombonas de gas en un recinto así, y creo que deberían ser conscientes de que están imponiendo a los demás unas condiciones muy poco higiénicas". Dos okupas se acercaron y le "recomendaron" que no hablara con este diario. En un pasquín repartido días antes, señalaban a Libertad Digital y Telemadrid por difundir "noticias manipuladas" sobre la ocupación de la facultad.

Loreto San Antonio, una alumna del centro que sí quiso dar su nombre y ponerse delante de la cámara de Libertad Digital, corroboró la versión ofrecida por Vermoet y su asociación.

Los campistas se definen como "un colectivo abierto a todos/as los/as estudiantes, que tiene como principal objetivo frenar la nueva reforma educativa que pretende mercantilizar la Universidad". En su blog de campaña, opinan que "el trabajo de la Asamblea es (...) algo que debería interesar a toda la comunidad universitaria, pues su mayor pretensión es abrir un debate sobre el futuro de la educación superior".

"El hecho de que nos encerremos en las distintas facultades, además de un método de protesta, se justifica necesario como una medida de acercamiento a toda la comunidad universitaria, así como una demostración de que los espacios universitarios han de ser lugar de encuentro de la participación y el debate", proclaman.

La curiosidad de LD fue objeto de intimidación durante toda la visita a la facultad. Una alumna que había accedido a dar su opinión y fue acosada por los asamblearios, cedió a las pretensiones de los violentos, cortó abruptamente la conversación aduciendo que "yo sólo vengo a estudiar, no quiero problemas con nadie", y pidió a este diario que no se publique nada que pueda identificarla: ni nombre, ni cara, ni siquiera sus opiniones al respecto. El miedo a esta minoría es un estímulo muy poderoso.

El intento de registrar imágenes fotográficas y de vídeo de la acampada fue igualmente saboteado con un acoso permanente de la decena escasa de campistas. Fue significativa la asistencia que les brindó el profesor Eduardo Melero Alonso, del departamento de Derecho Administrativo, que se identificó como "representante legal" de los ocupantes y advirtió con denunciar a los periodistas si seguían adelante en su intento de informar a la Opinión Pública y documentarlo con imágenes. A pesar de las amenazas de los estudiantes acampados Libertad Digital obtuvo las imágenes de esta crónica, lo que nos ocasionó a los dos redactores de LD un serio enfrentamiento con los estudiantes. Para evitar males mayores los periodistas salimos por la puerta trasera no sin antes escamotear las tarjetas de memoria donde habíamos almacenado las fotografías y el vídeo.

Aunque llamativo, este apoyo a una ocupación probablemente ilegal e inequívocamente insalubre no parece una actitud generalizada entre el profesorado. 

De Bolonia y del futuro de la Universidad, se negaron a hablar. Una olla de color rojo, vasos y platos, cubiertos, y una cocinilla de camping se apilan en un pasillo entre aulas. Hay un cartel que enumera la rutina de los miembros de la asamblea. Uno de los puntos indica, aproximadamente: "Limpiar, excepto cuando pase Álvaro Vermoet". Una joven pasea entre las tiendas de campaña. Parece movida por un ritmo interior, como si bailara entre las roñosas lonas. Pelo rojizo corto con un par de extensiones trenzadas, falda a franjas horizontales como los calcetines de los mimos callejeros, zapatillas Converse, leotardos de colores y dibujos infantiles, su música interior es la del poder impune y el desprecio de la responsabilidad. No son muchos, pero hay toda una tribu en las universidades que baila en círculos alrededor de la ley del embudo.

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