(Libertad Digital) Según cuenta el propio Félix Martínez en su bitácora, "el viernes pasado me vi obligado a abandonar mi trabajo en el diario
El Mundo". Obligado, porque "la jefa de personal se presentó a las 10 de la mañana para entregarme la carta de despido" a consecuencia del contenido de su artículo "
La nostalgia de los malvados". En él dice literalmente que "Toda España debió ser Paracuellos", en referencia a la cárcel de la localidad madrileña en la que se ejecutó, de forma sistemática y en pocos días, a un número de personas que supera las 5.000. La historiografía apunta a la responsabilidad personal de Santiago Carrillo.
Pero Martínez no estará en el paro por mucho tiempo. Según cuenta en
su blog, "aquellos interesados en leer mis crónicas podrán hacerlo en el diario
Público". De este modo, su sección "Secretos & Mentiras" volverá en el diario de Jaume Roures, "aunque aún no sé cómo".
En la anotación
de su bitácora matiza esas palabras, con las que termina su artículo "La nostalgia de los malvados" y que él reconoce que fue "especialmente duro". Dice ahora que, aunque sigue " reivindicando la figura de Santiago Carrillo", cuando decía que Toda España debió ser Paracuellos "sólo lamentaba que el país entero debería haber sido testigo de aquellos hechos para evitar imputaciones infundadas".
Sin embargo resulta complicado encontrar las palabras que le den precisamente ese sentido a sus palabras, con las que termina su artículo, y no otra. En él habla claramente de lo que deberían sufrir "los nostálgicos del franquismo" como Blas Piñar, al que acusa de ser "responsable de los asesinatos de los abogados de Atocha". Los "malvados asesinos merecen una muerte lenta y dolorosa", por lo que se duele de que enfermedades como el cáncer se lleve a los "bondadosos" y "justos".
Y advierte de que "los que hemos enterrado a los vencidos", "responderemos primero con la fuerza de la razón ante la razón de la fuerza, luego con la ley que a ellos jamás asistió, y si no basta, con todo". Los nostálgicos "aún son capaces de matar. Pero no deberían poner a prueba", sigue, "la paciencia de los que acumulamos más de 70 años de ansias de justicia".
Y es entonces cuando concluye el artículo recordando el caso de un camarero que estuvo tentado de utilizar el cuchillo jamonero contra dos capitostes franquistas. Él, nos dice, no lo hizo porque era un buen hombre. "Pero a los hombres buenos los estamos enterrando y entre su prole, la siguiente generación, hay un número suficiente de hijos de puta que sí habría dado al cuchillo el uso que debió tener", concluye. Y es en este contexto en el que termina el artículo diciendo que "Quizá ha llegado el momento de reivindicar a Carrillo. Toda España debió ser Paracuellos".