El 11-M y la política española
Dos años del 11 de marzo. Dos años en los que la política nacional ha cambiado radicalmente con el Gobierno surgido de las urnas el día 14. Algunos de los acontecimientos que se han desarrollado en este tiempo no se pueden entender sin los atentados. En particular, la posición de España frente al mundo.
 
El incumplimiento reiterado, culposo y decidido de la resolución 1441 de Naciones Unidas por Irak, motivó que una coalición internacional decidiera finalmente intervenir en el país sojuzgado por la dictadura de Sadam Huseín. España tuvo un papel muy destacado, por encima de su papel en el mundo, en el apoyo político a la decisión de utilizar la fuerza contra el régimen, medida ya contemplada en la misma resolución. La campaña fue muy exitosa, y terminó con el derrocamiento del régimen, y la captura del dictador. Pero la mala gestión postbélica ha extendido la crisis iraquí hasta la actualidad, a pesar de los enormes avances, de dos elecciones democráticas y de una nueva Constitución.
 
Un objetivo primordial de Aznar con este movimiento diplomático era llamar a su vez la atención de la primera potencia del mundo, mostrarle apoyo en su lucha contra el terrorismo internacional y solicitarle correspondencia en la que mantenía en casa contra la banda asesina ETA, y que estaba dando excelentes resultados. José Luis Rodríguez Zapatero cambió por completo la posición de España. Sacó a las tropas españolas de Irak, en el entendido de que los terroristas islámicos ya no atentarían contra España, dado que la causa de los atentados del 11-M, se decía, era la participación española tras la Guerra. Dos hechos desmentirían este absurdo planteamiento: un intento de ataque a la Audiencia Nacional por el terrorismo islamista con Zapatero en el poder, y el hecho de que los atentados a España se concibieran antes de que se supiera que iba a haber una nueva edición de la Guerra del Golfo.
 
La decisión unilateral y no consultada de retirar las tropas de Irak ha enfriado sin remedio las relaciones de la Administración Bush con el Gobierno de Zapatero. A ello hay que sumar la "vuelta al corazón de Europa": un realineamiento con las dos potencias europeas que se habían opuesto a la Guerra: Francia y Alemania. Otro aspecto del cambio radical en la política exterior es el acercamiento a Marruecos, en un momento en el que no estaba claro (sigue sin estarlo) el papel del régimen alauí en los atentados de marzo. No mucho antes Marruecos invadió la isla de Perejil, que fue retomada de inmediato por las tropas españolas. Aznar había mantenido a raya a la dictadura oligárquica de Mohamed VI, con el respaldo de Estados Unidos. Ahora el Gobierno había perdido el segundo, y se entregaba al primero.
 
El tercer eje de viraje de la política exterior española con Moratinos de jefe de nuestra diplomacia es América. En concreto, Cuba, y con ella el resto de regímenes no democráticos del continente. El Presidente había mantenido una posición de firmeza frente a la dictadura, y había llevado a ella al conjunto de la Unión Europea. Ahora Zapatero apostaba por el acercamiento al régimen, que también lo sería inevitablemente a la Venezuela de Chávez y, más recientemente, a la Bolivia de Evo Morales.
 
La participación de ETA en la masacre de Madrid está por aclarar. ¿Ayudó la banda asesina a los terroristas islámicos en un terreno que los batasunos conocen perfectamente? Es más, ¿Se lanzarían los islamistas a planear y llevar a cabo unos atentados de esta envergadura sin tantear la posible asistencia de ETA? Y en el terreno operativo, hay varios datos que apuntan a una participación de ETA en los atentados. Solo señalaremos dos asuntos:
 
Caravana de la muerte: ETA robó un coche al lado de la casa de Emilio Suárez Trashorras, que cargado de explosivos, partió el mismo día hacia Madrid que la caravana de los islamistas. Ésta llevaba diez mochilas con dinamita del terrorista islámico Jamal Ahmidan "El Chino", que murió en la explosión de Leganés. Trashorras declaró en su momento ante ocho agentes de la policía y el CNI que El Chino era amigo de los terroristas de ETA que iban en el primer coche.
 
Abdelkrim Beresmail, lugarteniente de Lamari, tenía en su poder cuando fue detenido tras los atentados, los teléfonos de dos de los etarras más sanguinarios: Henri Parot y Harriet Iragui. También tenía en su poder la fórmula de la cloratita, el explosivo utilizado habitualmente por ETA.
 
En estas condiciones, la hipótesis más arriesgada es que ETA no tuvo ninguna participación. Pero si, como parece, la tuvo, el gran argumento del PSOE, su uso del terrorismo para ganar las elecciones, se viene abajo. Si finalmente ETA hubiera tenido alguna participación, utilizaría esa información para chantajear al Gobierno, y el proceso de negociación del Ejecutivo de Rodríguez Zapatero con la banda asesina tendría otro cariz, porque la posición política de Zapatero sería muy débil ante la banda.
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