
Hace
dos años los españoles nos despertábamos sobresaltados
ante las terribles noticias que recibíamos a través
de los medios de comunicación. A medida que pasaban los minutos,
las emisoras de radio difundían noticias descorazonadoras
en las que se informaba sobre un brutal atentado cometido en distintos
trenes de cercanías de Madrid. Y es que aquel 11 de marzo
de 2004, el terrorismo volvió a golpear duramente a España.
Ciento noventa y dos personas se unieron a la, por desgracia, amplia
lista de asesinados por distintas bandas terroristas a lo largo
de los últimos 40 años, y otros cientos de ellas resultaron
gravemente heridas. Desgraciadamente, se trataba del atentado más
sanguinario de los perpetrados en la historia de nuestro país.
Como personas golpeadas por el terrorismo, resulta imposible
explicar con palabras el sufrimiento que una víctima padece
cada vez que se produce un atentado. Las imágenes más
terribles y las vivencias más duras de su vida se agolpan
en ese momento en el subconsciente y no podemos dejar por un momento
de sentir por todos aquellos que a partir de ese momento se convierten
en víctimas de la barbarie. En este sentido, y desde el
momento en que tomamos conciencia de la magnitud de la tragedia,
puedo asegurar que el 11 de marzo de 2004 fue uno de los días
más tristes de nuestra existencia. Las escenas de dolor,
el sufrimiento de los familiares en busca de sus seres queridos,
constituyen recuerdos de esa jornada, y por desgracia, de los
días posteriores, que nunca olvidaremos. No obstante, y
en medio del más cruel de los destinos, el 11 de marzo
de 2004 también nos hizo sentirnos orgullosos de la ciudadanía
de Madrid, y en general, de toda la Nación española
que, por mucho que algunos traten de ponerla en entredicho, demostró
un grado de solidaridad para con las víctimas y de cohesión
digno del máximo elogio.
Hablar del 11-M es pues hablar de sufrimiento, de sueños
truncados, de familias rotas, en definitiva, supone evidenciar
el verdadero rostro del terrorismo. Un fenómeno, que por
desgracia en España, hemos conocido en prácticamente
todas sus expresiones: ETA, GRAPO, Al-Quaeda, y un largo y triste
etcétera. Pero con independencia de la faz concreta con
la que se presente, el terrorismo es siempre y en todo caso la
misma cosa: barbarie, odio, dolor, totalitarismo, asesinato, chantaje,
etc. Cualquier intento por hacer distingos entre terroristas constituye
pues una indignidad absoluta, ya que, en definitiva, todos ellos
representan lo mismo: el intento por acabar con la democracia
y el Estado de Derecho recurriendo para ello al terror.
Frente a la barbarie que representan los autores materiales de
actos terroristas, así como frente a todos los partícipes
directos y los que intelectualmente apoyan este tipo de acciones
criminales, los que creemos en la democracia contamos, además
de con nuestra superioridad moral, con los instrumentos que nos
ofrece el Estado de Derecho para acabar con toda expresión
de terrorismo. En este punto, y como presidentes de la Asociación
de Víctimas del Terrorismo y de la Asociación de
Ayuda a las Víctimas del 11-M, consideramos exigible a
nuestros gobernantes, especialmente en estos momentos, la máxima
firmeza en la lucha contra el terrorismo, y por supuesto, que
nunca se negocie con ningún terrorista o con sus cómplices.
Hacerlo supone traicionar a las víctimas de cada uno de
los atentados y someterles de nuevo al dolor que ya padecieron
en aquellos tristes momentos.
Desde el punto de vista de la investigación de la terrible
masacre acaecida el 11 de marzo del año 2004 debo decir,
no sin tristeza, que las expectativas abiertas al objeto de aclarar
la trama que condujo a dichos dramáticos hechos han quedado
totalmente defraudadas. A día de hoy los ciudadanos españoles
desconocemos qué ocurrió exactamente en las fechas
anteriores al 11 de marzo, así como la dimensión
real de la trama que dio lugar a aquel atentado. Huelga afirmar
que España entera, pero en especial las víctimas
de aquella masacre, desea saber qué es lo que realmente
ocurrió en aquella trágica jornada y las implicaciones
reales de un atentado que, no lo olvidemos, ha sido el más
sanguinario de la historia de España, y por lo tanto, tuvo
que ser obra de un grupo terrorista perfectamente organizado y
con importantes apoyos logísticos, y no, como se ha pretendido
hacer creer por parte de algunos, el fruto de elementos aislados
carentes de la más mínima cohesión.
Cuando se cumplen pues dos años desde el acaecimiento
de uno de los episodios más tristes de la historia de nuestro
país, nos aprestamos a recordar una vez más a las
víctimas, con dolor en nuestros corazones por todo el sufrimiento
causado. Al objeto de homenajear a quienes perdieron la vida en
aquella trágica jornada, así como a los que sufrieron
todo tipo de lesiones como consecuencia de la sinrazón
terrorista y en general a todas las víctimas del terrorismo,
el próximo sábado, procederemos a llevar a cabo,
en el marco del "Dia Europeo en memoria y recuerdo de las
víctimas del terrorismo", un acto conmemorativo en
el parque del retiro organizado por la Asociación de Víctimas
del Terrorismo. El objetivo es llevar a cabo un homenaje sencillo
pero particularmente sentido, y con el se pretende expresar la
solidaridad de todos los ciudadanos de bien frente a las víctimas
del terrorismo. Personalmente únicamente me queda animar
a todos los españoles a participar en dicho evento; porque,
en definitiva, la bandera de las víctimas es la bandera
de aquellos que lo han dado todo por la democracia y el Estado
de Derecho.