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comenzó el ataque sincronizado que dejó 192 muertos y más
de 1.500 heridos en Madrid. Una decena de mochilas cargadas de explosivos estallaron
en el interior de varios trenes de cercanías en plena hora punta cerca
de las estaciones de El Pozo del Tío Raimundo, Santa Eugenia y Atocha.
Madrid demostró su capacidad de reacción ante una matanza que no
tenía precedente. Los servicios de emergencia actuaron de forma modélica
instalando hospitales de campaña en los que se hicieron incluso intervenciones
quirúrgicas avanzadas. Su eficacia sólo fue comparable a la heroicidad
de muchos ciudadanos que lo dejaron todo para atender y acompañar a los
miles de heridos que aún no conocían el alcance de lo sucedido.
Desde las ventanas de los edificios próximos a la catástrofe muchos
vecinos arrojaron mantas a los heridos leves que esperaban asistencia de médica.
Otros no dudaron en ofrecer sus vehículos para trasladar a familiares y
víctimas a
los
hospitales. Pese a la enorme gravedad de los sucedido pronto se pudo circular
por los aledaños de Atocha. Madrid no se colapsó.
La única decisión unánime y sin fisuras de los partidos políticos fue anteponer el luto y el dolor a la campaña electoral oficial. Tres días después, con la lista de fallecidos aún sin cerrar, se celebraron las elecciones generales que dieron la victoria contra todo pronóstico al PSOE tras ocho años de gobierno del Partido Popular.
Lo que ocurrió entre la masacre y la cita con las urnas convulsionó
España. En esas horas hubo que sumar al dolor la infamia. Los continuos
rumores y acusaciones del partido que ganaría las elecciones, la campaña
de acoso y agresión al
PP en el día de reflexión y la posterior marea de rumores dirigida
desde sectores políticos y mediáticos afines provocó una
situación de auténtica alarma. Se llegó a decir que el
PP maniobró ante el Rey para suspender las elecciones. Pero todos esos
mensajes quedaron huérfanos de autor cuando se conoció el resultado
electoral.
Tras el dolor por los 192 muertos, la actualidad dio paso a las grandes incógnitas,
los agujeros negros y la necesidad de investigar la otra historia del 11-M.