En su opinión, "muchos españoles, entre ellos el embajador de España ante la Santa Sede, en su condición de embajador, de político, de miembro del Partido Socialista pero, sobre todo, en su condición de cristiano y ciudadano español" tienen la impresión de que el acto se acabó convirtiendo "prácticamente en un mitin electoral".
Francisco Vázquez matizó que en el acto no estuvo presente "la totalidad de la jerarquía" e indicó que no se debe hablar "de la Iglesia en general", sino de un sector "concreto" del estamento eclesial.
Igualmente, consideró "lógica" la reacción de contrariedad del Gobierno, al ver "que se pone en entredicho la propia Constitución" y la "voluntad y el compromiso democrático de un Ejecutivo que "lo que hace", de acuerdo con la Carta Magna, "es legislar para amparar y proteger los derechos de todos los ciudadanos, sea cuál sea su condición religiosa, su género, hombre o mujer, su origen o el color de su piel". No obstante, Francisco Vázquez reiteró su opinión de que está será "una tormenta que pasará", concluyó.


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