Según Etz, el destino de los tres niños más tranquilos fue permanecer con su madre en el sótano, sin ver la luz natural hasta ser liberados el sábado pasado. Fritzl había subido del calabozo a tres bebés de pocos meses de edad en los años 1993, 1994 y 1997, alegando ante su familia que la hija, supuestamente desaparecida en una secta, los había depositado delante de la puerta de su casa.
Estos niños crecieron en la casa familiar como si fueran nietos y luego fueron adoptados por Fritzl y su esposa Rosmarie, quien al parecer no sabía nada de los crímenes cometido por su marido. Y mientras que los tres menores disfrutaron de una educación ejemplar, incluyendo instrucción musical y deportiva, los otros tres hermanos malvivieron en el calabozo de unos 60 metros cuadrados y 1,70 metros de altura.
"No dejaba que su mujer Rosmarie hablara mucho tiempo con la gente, siempre insistía en que los miembros de su familia permanecieran en casa", recuerda en declaraciones a EFE una anciana vecina, que durante años vivió en el edificio contiguo.
"Siempre nos llamó la atención que Fritzl trabajaba hasta altas horas de la noche en el jardín, pero nunca nos podíamos imaginar qué es lo que en realidad estaba haciendo", agrega Karina, una joven que vive en la misma calle.
La chica conoce desde hace años a Lisa, una de las hijas-nietas de Fritzl, que vivía en la casa y a la que describe como "muy tranquila pero simpática".
Por otra parte, la prensa sensacionalista austriaca publica una foto de Fritzl bronceado y exultante en bañador, una imagen tomada aparentemente en 1998 en una playa de Tailandia, donde estuvo dos semanas de vacaciones con un amigo. "Si claro, eso sí lo sabíamos todos, le encantaba ir de vacaciones a Tailandia. Usted ya sabe a que me refiero", señaló a EFE otra vecina, en referencia al posible abuso sexual de menores en ese país asiático.
El diario sensacionalista Kronenzeitung afirma en su última edición saber que el acusado ya tenía antecedentes penales por acoso sexual de un mujer (no emparentada con él) por lo que habría estado en la cárcel, pero las autoridades no han confirmado estas versiones alegando que los posibles delitos ya han prescrito. El rotativo vienés incluso pública una foto de Fritzl, tomada en 1982 durante el proceso judicial en un tribunal austriaco.
Gerda S., una ex compañera de trabajo de Fritzl, relata en el diario Österreich que éste siempre iba bien vestido, "parecía un diplomático" y que le encantaba coquetear con las mujeres. "Era una persona especialmente vanidosa, su corbata nunca estaba mal puesta y sus zapatos siempre relucientes", señala en declaraciones a ese diario, que ha enviado a una docena de reporteros a Amstetten para informar sobre el suceso. "Era una tipo muy apuesto. Todas las mujeres en la empresa estaban detrás de él", asegura Gerda.
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