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Con un vago compromiso de flexibilizar la concesión de créditos a las pymes y de publicitar la apertura de una nueva línea de crédito a las mismas por parte del ICO, ha concluido la reunión de tres horas que han mantenido este lunes Zapatero y Solbes con los responsables de las seis principales entidades financieras de nuestro país. Se supone que ese mismo compromiso ya se había alcanzado en la reunión que mantuvieron el pasado 10 de noviembre y que, de hecho, ha servido, desde el primer día, como fundamento y justificación del Fondo de Adquisición de Activos, que ya va por su cuarta subasta.
Parecería, sin embargo, que al presidente del Gobierno le es suficiente cambiar la imagen de compadreo que destilaba la primera reunión mediante una sustitución del escenario (mesas de trabajo en lugar de sofá) para transmitir la idea de está haciendo algo decisivo para solventar la dramática escasez de financiación que padecen las familias y las empresas de nuestro país.
Bien es cierto, no obstante, que al presidente de la Asociación Española de la Banca, Miguel Martín, no le faltaba razón cuando antes de la reunión señalaba que los bancos están "encantados" de que Zapatero les anime a seguir dando crédito porque "viven de eso", pero que el problema está en que, por culpa de la crisis de la "economía real", se ha reducido la demanda solvente de prestamos. Ahora bien, tanto el Gobierno como los representantes bancarios deberían admitir entonces que el plan de rescate no tenía como objetivo más que sanear los balances de las entidades financieras a través del mayor proceso de socialización de pérdidas que hayamos visto en la reciente historia económica de nuestro país.
Si los bancos ya cometieron un error –error inducido por las autoridades monetarias y por un Ejecutivo que lo apostaba todo al motor de la construcción– facilitando el crédito a no pocos promotores y constructores que han acabado malparados, expandirlo ahora hacia personas que ya se sabe de antemano que son de alto riesgo, es el colmo de la irresponsabilidad. Más aun cuando los propios bancos nos dicen que estamos en el año de la insolvencia bancaria.
No menos demagógico se ha mostrado estos días Zapatero al criticar a los bancos por que ganen dinero a costa de ser prudentes y de no expandir el crédito. Los beneficios son uno de los principales reclamos para su valoración bursátil, lo que en última instancia representa el camino más rápido para una eventual recapitalización (como hizo hace unos meses el Santander). Acabar con ellos significaría llevar a las entidades financieras a ser todavía más dependientes del Estado para captar capital, lo que conduciría dramáticamente a su nacionalización. Si nuestras entidades financieras gozaban de tan buena salud, tal y como dice el presidente del Gobierno y la Asociación Española de Banca, lo que debería haberse permitido es que el propio mercado premiara y castigara, respectivamente, la buena y mala gestión. En lugar de eso, se ha optado por un auxilio indiscriminado cuya transparencia está brillando por su ausencia.
Lo cierto es que Zapatero no hace más que dar palos de ciego y lo mismo un día denuncia la "codicia" de quienes se han embarcado en operaciones financieras de alto riesgo, como otro día denuncia la "cautela" de los banqueros por no facilitar créditos a los insolventes.
Si Zapatero quiere ayudar a las pymes, que empiece por reclamar a todas las administraciones públicas que paguen lo que deben a multitud de proveedores de bienes y servicios que, por culpa de estas demoras, van camino de la ruina y la desesperación; que empiece por apretar drásticamente el cinturón del Estado y que ello haga posible una no menos drástica reducción de impuestos. Esa es la vía, junto a las reformas estructurales, de estimular sanamente la economía y no el gasto público o la incitación al crédito subprime.
Sin embargo, a Zapatero lo único que le procupa es la imágen y la propaganda. Y la foto ya la tiene y, esta vez, sin presencia de sofás.

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