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Al igual que los artistas de la ceja, los socios parlamentarios del PSOE siguen estando ahí para lo que sea menester. La última mano que Izquierda Unida, Esquerra y el Bloque Nacionalista Galego han echado al Gobierno viene acompañada de un oportuno balón de oxígeno que vendrá de perlas a Zapatero para preparar con tiempo las explicaciones que debe sobre la debacle económica del país.
Hemos dicho en multitud de ocasiones que nuestro Gobierno ha escogido el peor modo de encarar la crisis económica. Empezó negándola durante un más de un semestre. Luego reconoció la "desaceleración" pero quitándole hierro, al tiempo que presumía de la presunta fortaleza e invulnerabilidad de la economía española. Una vez la situación se tornó insoportable, con el desempleo desbocado y la confianza de los consumidores por los suelos, abrió la espita del gasto público asegurando que la crisis era coyuntural y que, en un plazo muy breve, volveríamos al crecimiento. El último compás de este vals del absurdo y la ineptitud lo está bailando ahora, en unos momentos realmente críticos, sumidos en una recesión histórica y con unas previsiones que todo lo que auguran es que vamos a peor.
Esta es la situación actual y el Gobierno, ahíto de mentiras, ocultaciones y propaganda ha optado por esconderse. Por eso Zapatero no quiere acudir al Parlamento. No tiene inconveniente, por el contrario, en prestarse a entrevistas radiofónicas precocinadas, intervenciones televisadas, o a publicar en internet vídeos triunfalistas donde vende por enésima vez el bálsamo de fierabrás que curará de todos sus males a la maltrecha economía nacional. La razón está a la vista. Ni en la radio, ni en la televisión ni, naturalmente, en internet recibirá preguntas incómodas que no va a poder responder.
Necesita ganar tiempo y esperar a que alguna conjunción astral le regale un dato, al menos uno, al que pueda agarrarse para reiniciar la campaña propagandística sobre una recuperación económica que nunca llega y que nadie, ni los mejor informados, atisban cercana. Para ello cuenta con el concurso entusiasta de los principales medios de comunicación españoles, serviles hasta la náusea. La política, con la honrosa excepción del PP, también está a su servicio mediante pactos tácitos o formales. Por eso si organismos internacionales como el FMI o la Comisión Europea, o entidades privadas como las agencias de calificación o ciertos bancos tratan de aguarle la fiesta arremete sin piedad contra ellos. Es algo que no puede controlar y eso a Zapatero le irrita sobremanera.
Para el presidente del Gobierno la mentira debe continuar, pero ésta se empeña en tener siempre las patas muy cortas. ¿Cuánto tiempo podrá aguantar este teatro indigno, este engañar sin ton ni son, este tomar a los españoles por tontos? Esta vez ha ganado un mes, pero tarde o temprano tendrá que enfrentarse a la situación. Tiene tres años por delante y los tres van a ser extremadamente duros en materia económica. Más le valdría meter la careta en un baúl y ponerse desde ya el traje de faena.
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