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Si de algo carece nuestra democracia es libertad de expresión y debate de ideas en el seno de los partidos. El sistema electoral de listas cerradas y bloqueadas y una cultura política parroquial son los principales factores que inhiben la discusión entre dirigentes de una misma formación política. Sin embargo, una cosa es el debate y otra las contradicciones y la incapacidad para formular un proyecto claro y con una mínima coherencia interna. Si a lo anterior le sumamos el autoritarismo y la impotencia que exhiben a diario los actuales dirigentes del Partido Popular, la conclusión es que la situación actual del principal partido de oposición a Rodríguez Zapatero es francamente mejorable.
Sin embargo, es difícil imaginar una trance más grotesco y dañino para la credibilidad de un partido que aspira a gobernar que el espectáculo que algunos de sus dirigentes están ofreciendo a propósito del supuesto caso de espionaje revelado por un periodista del diario El País. La reacción entre cómplice y pusilánime con el diario de Prisa de Alberto Ruiz Gallardón y del propio Mariano Rajoy muestra una vez más el espíritu cainita y anti-democrático que anida en la actual jefatura del PP. Tras renunciar a ofrecer una alternativa al peor Gobierno de la historia reciente de nuestro país y temerosos de escuchar a sus bases, los partidarios del alcalde de Madrid se lanzan ahora a una operación contra Esperanza Aguirre que sólo cabe calificar de suicida.
Mientras tanto, algún medio de comunicación afín a Rajoy contribuye a la voladura interna del PP atacando de forma incomprensible y a veces absurda la candidatura de Jaime Mayor Oreja al Parlamento Europeo. Por alguna extraña razón, lo que en otros se silencia o se celebra como síntoma de moderación y centrismo se convierte en hipocresía e impostura aplicado a Mayor Oreja y a otros diputados españoles del Partido Popular Europeo. Más les valdría dedicar más papel a los abusos de la Generalidad de Cataluña y a los desmanes de los miembros del Ejecutivo central que al fomento de la confusión y el desaliento entre los votantes cuyos principios dicen defender.
Así las cosas, y en medio de esta chirriante jaula de grillos en que se ha convertido el PP, el partido ha celebrado un Foro Abierto con el objetivo de mejorar su presencia en Internet y ofrecer una imagen de cercanía con la sociedad. Sordos ante la exigencia de mayor rigor y firmeza frente al Gobierno socialista expresada por los participantes en el encuentro, Ruiz Gallardón y Mariano Rajoy han usado sus intervenciones para realizar un patético ejercicio de autocomplacencia. Así, que los mismos que condonan las operaciones de desprestigio contra sus propios compañeros apelen a la responsabilidad y al diálogo resulta cuando menos paradójico, si no simplemente despreciable.
Tras el congreso de Valencia, la nueva dirigencia del PP se dedicó a tejer una complicada tela de araña hecha de equívocos y mentiras a fin de neutralizar cualquier crítica a su gestión. Por desgracia, ellos han sido las primeras víctimas de su propia trampa. Cada vez son menos los dispuestos a rescatarlos.
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