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Por desgracia, como afirmábamos anteayer, los israelíes no han buscado acabar con Hamás, sino restablecer su capacidad disuasoria, debilitar a la organización y mostrar a la opinión pública internacional cómo se las gastan los terroristas. Y es que las decisiones estratégicas y las decisiones políticas llevan a extrañas situaciones históricas. Israel ha perdonado la vida una vez más a quienes jamás harán lo mismo con Israel.
Con la salida israelí de Gaza hace tres años, Hamás tomó violentamente el poder asesinando a sus oponentes con una violencia salvaje; desde entonces persigue, encarcela, mata y humilla a quienes considera disidentes. Cara a los palestinos, Hamás es un movimiento totalitario, como lo fue el nacionalsocialismo o el bolchevismo. Y cara al exterior, constituye un régimen violento, belicista y agresor. Respecto a sus vecinos, para nadie en nuestros países debiera ser un secreto que el objetivo de Hamás es exterminar a los israelíes y borrarlos de la faz de la tierra.
Su Carta Fundacional de 1998 es tan explícita como cualquier documento propagandístico del partido nazi:
"Israel existirá y seguirá existiendo hasta que el islam lo aniquile, como antes aniquiló a otros", reza su preámbulo; "El Día del Juicio no llegará hasta que los musulmanes combatan contra los judíos, cuando el judío se esconda detrás de piedras y árboles. Las piedras y los árboles dirán: Oh musulmanes, oh Abdulla, hay un judío detrás de mí, ven a matarlo", más adelante. Y como pensando en Zapatero, Moratinos y la Alianza de Civilizaciones, afirma Hamás: "No hay solución para la cuestión palestina si no es a través de la yihad. Las iniciativas, las propuestas y las conferencias internacionales son todas una pérdida de tiempo y empresas vanas".
Hamás es, estrictamente hablando, un grupo que defiende el genocidio y que tiene como objetivo reconocido llevarlo a cabo. Ni lo esconde ni lo niega. Para Hamás, la solución a los problemas palestinos pasa por la aniquilación total de ese grupo político, racial y religioso que se encarna en el Estado de Israel. No hay diálogo posible, no hay negociación. Sólo la yihad para perseguir y acabar con los judíos. Es decir, genocidio, exaltación del genocidio e intención y premeditación para llevarlo a cabo. Nunca en la historia alguien se ha reconocido tan abiertamente culpable de intentar ejecutar un crimen contra la humanidad como Hamás.
Cabe preguntarse, entonces, acerca de la defensa que en Occidente se hace de la legitimidad y legalidad de Hamás. Esto empezando por la actitud de la ONU respecto a un régimen que se confiesa genocida. La defensa sistemática que Naciones Unidas hace del régimen de Hamás es tan repugnante como si lo hiciera con el régimen de Hitler. En 1939 nadie puso en duda la necesidad de acabar con un régimen totalitario y se consideró que un Estado genocida era la negación misma del derecho internacional y humanitario. Hoy se hace justo lo contrario y es como si la "comunidad internacional" se indignara cuando los aliados atacaban la Alemania nazi. Y de nada vale la excusa del poder o de la desproporción entre la Alemania del Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei y la Gaza del Harakat al-Muqáwama al-Islamiya, porque los delitos y los crímenes no se definen "al peso" o según espectacularidad, sino según las intenciones y los actos de los culpables. Y los de Hamás están claros.
No sólo es la ONU la que pasa por alto el genocidio premeditado de Hamás. Quienes en España y Europa defienden al movimiento totalitario están negando y ocultando deliberadamente el hecho de que se trata de un grupo que tiene por finalidad acabar con un grupo racial, religioso y cultural. Niegan que la finalidad de Hamás sea el genocidio del pueblo judío. Así que si a alguien puede aplicarse el término negacionista en el peor sentido del término es a todos aquellos que actúan como si Hamás no fuese un grupo genocida, y esconden y disculpan lo que es un crimen contra la humanidad reconocido por ellos mismos. Mal está negar hechos históricos aberrantes; peor está negar y ocultar que alguien está dispuesto en el presente a repetirlos. Y es lo que pasa hoy en día con el genocidio proyectado por Hamás y el negacionismo de lo que es un crimen contra la humanidad. Habrá que profundizar en la búsqueda de las responsabilidades que de ello se podrían derivar.
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