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Columna publicada el 23-01-2009
Quienes se han forjado la idea de un Guantánamo repleto de pobrecitos pastores de cabras afganos, deben antes de nada ser prudentes. En Guantánamo, hay tres tipos de presos. En primer lugar, aquellos terroristas contra los que se tienen pruebas suficientes, obtenidas conforme a ley, y que tras el paso por Guantánamo sería posible juzgarlos en un tribunal ordinario, condenarlos y ponerlos fuera de circulación. En segundo lugar, otros cazados cuando se entrenaban en las artes criminales, con la intención de actuar, pero que por una u otra razón suponemos que tras su paso por Guantánamo no representan un peligro inmediato aunque sí un peligro futuro, al tratarse de islamistas radicales con vocación de yihadistas.
Existe un tercer grupo. Son un centenar y medio de presos, inequívocamente terroristas, identificados y reconocidos por agencias y servicios de inteligencia y seguridad como autores de la ejecución, preparación e inducción de actos terroristas. En este caso, las pruebas acumuladas contra ellos no serían suficientes para condenarlos ante un tribunal ordinario, o han sido obtenidas con métodos que no serían válidos ante un tribunal.
Los componentes de los tres grupos son inequívocamente yihadistas en distinto nivel de compromiso y preparación, pero convencidos de la bondad de la yihad. Así que con el cierre de Guantánamo, los problemas se sucederán unos tras otros. Los del primer grupo serán juzgados según garantías constitucionales, con hábiles abogados, lo que hará más difícil su condena y, de producirse, más corta. Qué harían después personas convencidas de que atentar contra nuestras ciudades es un deber divino, lo dejamos para la imaginación de nuestros lectores y de Zapatero, pero en un alto número, nada bueno.
Pero eso es sólo el principio. Aquellos contra los que no se tienen pruebas habría que repatriarlos a sus países de origen. De éstos, unos lo rechazan aterrados ante la posibilidad de tenerlos cerca. Otros los soltarán, por miedo o convencimiento a la primera ocasión. Y en otros recibirán un trato que ríase el lector del recibido en Guantánamo. Algo habría que hacer con ellos.
Así que a quienes, como Zapatero, defienden el cierre de Guantánamo, sólo les quedan dos opciones. O hacerse el tonto, desentenderse y presionar para que otros se queden a los terroristas –una actitud inmoral e hipócrita– poniendo en riesgo sus sociedades; o repartírselos y aceptarlos en nuestros países con el status de refugiados, represaliados políticos, etc. Y eso sí, libres para ir, hacer y ver a quien quieran. Lo que es aterrador, puesto que hablamos de personas que odian nuestras sociedades y nuestra cultura y que han jurado y se han preparado para destruirnos.
Esto es lo que queremos saber sobre qué está dispuesto Z a ofrecer a Obama por el cierre de Guantánamo, puesto que el "socialdemócrata puro" tiene varios terroristas para nosotros. Zapatero posee una buena oportunidad este lunes de decirnos a los españoles si va a soltar en nuestras ciudades a terroristas capaces de atrocidades como las de Atocha o Londres. Porque ahora varias decenas de los terroristas más peligrosos del mundo están encerrados a buen recaudo en Guantánamo, pero si hay que clausurar la prisión, quedarán sueltos para seguir con sus actividades criminales. ¿En nuestro país?
Precedentes no faltan: el expreso ceutí de Guantánamo, de quien en su día los medios celebraron su inocencia, resulto ser inocente... tanto como que poco después familiares y hermanos fueron detenidos cuando iban a provocar una masacre contra el recinto ferial de Ceuta. Pues bien; ahora multipliquen situaciones como éstas en nuestras ciudades.
Esto es lo que hay. Si Zapatero celebra el cierre de Guantánamo deberá elegir entre ser hipócrita y pretender que otros se queden con los terroristas poniéndose en riesgo, o ser coherente y poner a nuestro país a disposición del asilo de terroristas convencidos, con el grave deterioro en nuestra seguridad. Ya no se trata de propaganda. La responsabilidad por las consecuencias derivadas de esto serán sólo y únicamente de Zapatero.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.
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