
Pese a la definitiva actitud pro activa de los bancos centrales –que declaradamente o no han pasado al quantitative easing puro y duro– y de las políticas fiscales, no hay señales de arreglo de las tensiones interbancarias.
Los indicadores de Estados Unidos, al igual que los del resto del mundo, señalan que todavía quedan muchos disgustos y malas noticias. Pese a la definitiva actitud pro activa de los bancos centrales –que declaradamente o no han pasado al quantitative easing puro y duro– y de las políticas fiscales, no hay señales de arreglo de las tensiones interbancarias; por ejemplo, el spread LIBOR –tipo oficial– sigue en un nivel superior a 100 puntos básicos (1 punto porcentual). Como se ve en el gráfico, desde los "picos" debidos a la caída de Lehman Brothers no se han restablecido los márgenes anteriores. Téngase en cuenta que en tiempos de normalidad este diferencial es próximo a cero.

Las rebajas de los tipos oficiales en las principales plazas ha permitido recortar el nivel de LIBOR sustancialmente, pero sin resultados prácticos, pues nadie presta dinero. Los bancos están recapitalizándose como son capaces, ni pueden ni deben hacer otra cosa: verán con suspicacia cualquier demanda de crédito, pues no pueden confiar en las garantías que ofrezca el cliente cuando los precios de los activos siguen reduciéndose.
Y no sólo de los activos: ahora hay signos evidentes de que también los precios de bienes y servicios apuntan a la baja, lo que augura una caída a plomo de los beneficios empresariales y un aumento de la tasa de paro hasta niveles records en todas las latitudes.
Lo más desolador quizás sea que los gobiernos se han visto obligados a anunciar nuevas rondas de salvamentos bancarios, lo que significa que lo invertido hasta ahora no ha sido suficiente. Esto viene a sumarse a unos presupuestos y unas deudas muy cuestionadas y a unos proyectos de estímulos fiscales que los mercados no han valorado con gran entusiasmo.
Incontables son los países que están anunciando nuevas ayudas:
En total, sólo en la eurozona, las ayudas –incluidas las garantías de emisión, no de depósitos– alcanzan un 22,5% del PIB; en Reino Unido, un 25%; en EEUU, un 17,7%; en Suecia, un 49%. España, un 23,8% (según Goldman Sachs.) En Holanda llega a un 41%; en Irlanda, el 215% de PIB.
Y aquí no contamos la acción de los bancos centrales de inyectar liquidez.