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Ante la hondura de la crisis y del ajuste inevitable, y dada la ausencia de instrumentos de política económica, sectores diversos –como Miguel Sebastián con el apoyo del director de El Mundo– piden a gritos una reedición de los pactos de la Moncloa. ¿Es necesaria la escenificación de una ceremonia de pacto entre todas las fuerzas decisivas de la economía? Dada la precaria cultura económica de la sociedad española, que denunciábamos hace poco, se podría decir que sí. España es una sociedad de vocación anárquica o inclinada a ser tutelada (sin término medio), y este tipo de solemnidades suele hacer aceptable la amarga medicina. Y la medicina va a ser muy amarga. Se trata de que los agentes acepten ajustar los salarios y precios y no dejar que todo el peso recaiga en el aumento del paro y el cierre empresarial.
Los pactos de la Moncloa I de 1977, sirvieron para eso. Entonces, la economía estaba desbocada, con un exceso de liquidez que había provocado una inflación de dos dígitos. Precios y salarios se actualizaban con creciente rapidez gracias a que el Banco de España emitía el dinero con una gran alegría. Ahora bien, aquellos Pactos dejaron rémoras que siguen vigentes.
Las más importantes son las que maniatan al mercado de trabajo. Por ejemplo, la norma que impera en los convenios colectivos, que todavía tienen un tufillo franquista (o comunista; para el caso es lo mismo), por el que se acuerdan pactos salariales independientes de la marcha de la economía y de la unidad de producción. En efecto, los convenios de España son los peores de Europa, pues son sectoriales, de modo que los salarios pactados no tienen nada que ver con el auge o decadencia del PIB ni de las empresas del sector. De ahí que el paro en España sea más alto de media que en la UE, y que la competitividad de la empresa sea tan baja. De ahí también el paso ineludible a la economía oculta para sobrevivir.
Por eso, si cuaja la idea, y se celebran tal evento, sería deseable que se aprovechara la ocasión para desmontar residuos del otro Pacto monclovita: que de una vez los salarios se fijaran en relación a la productividad de la empresa. También sería necesario reducir el coste del despido colectivo sin intentar cargar la indemnización del paro sobre los hombros de la sociedad, que es lo que se logra intentando que caiga sobre la empresa. Soltar este lastre sería un gran avance para la economía o, lo que es igual, para España. Y no sólo a largo plazo: a corto tendría una repercusión segura en que la tasa de paro por efecto de la crisis sería menor.
Pero, ¿Es factible? Sinceramente, no lo creo. Primero, en 1977 se estaba reconstruyendo el Estado, lo que suscitaba un espíritu de colaboración. Ahora se está en el proceso contrario, de desconstrucción. No hay interés, sino al contrario, en salvar las leyes e instituciones básicas. En el pacto entre sindicatos, PSOE y nacionalistas, habrá una representación de la izquierda apabullante, con el PP como único representante de la derecha; derecha además acomplejada, en fase de centrifugación del poder hacia las autonomías y víctima de su ofuscación mental por "camaleonizar" al PSOE y ser más progresista. ¿Qué puede salir de esto? ¿Mayor flexibilidad de mercado, que es lo deseable? ¿Precios y salarios más fieles a la realidad? Ojalá. Yo creo que, en el mejor de los casos, saldrá un acuerdo de mínimos, con rémoras añadidas y sin un intento serio de sujetar el gasto público. Eso es lo que me temo de líderes como Zapatero, Rajoy, Montilla, Durán i Lleida (otro que se acaba de apuntar a unos Pactos II), etc...
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