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Las cuatro tardes que necesitó Jordi Sevilla para enseñar economía a Rodríguez Zapatero han terminado por ser manifiestamente insuficientes, a la luz de la estrepitosa candidez y el pueril voluntarismo con que se conduce nuestro presidente en esta materia. Un botón de muestra clarísimo que ilustra lo anterior, y que además resulta paradigmático, lo tenemos en el sector energético. Un sector por otra parte vital para cualquier país y en el que, debido a que gigantes como China o India empiezan a despertar de sus larguísimos letargos, ya vivimos una auténtica competición mundial por su control y adquisición.
Los socialistas no han tenido una política energética en esta legislatura. Se han llenado la boca de soflamas ecologistas y apelaciones a la energía verde, a Kyoto y al calentamiento global como salvavidas a los que agarrarse. Y a partir de ahí lo único que han hecho es reaccionar ante las corrientes marinas, como en el caso de las opas de Endesa o en los múltiples problemas internacionales que afronta un día sí y otro también nuestra principal petrolera, Repsol, por ceñirnos a dos ejemplos.
En Endesa, como sabemos, la única prioridad del Gobierno fue tambalear y tumbar a Manuel Pizarro debido a que no les hacía gracia que fuera un liberal-conservador, próximo a las tesis del Partido Popular. Así pasaron de alimentar el nacionalismo y el campeón nacional a entregar sin rubor las llaves del castillo a los italianos y permitir el reparto inmisericorde de una gran compañía, bien gestionada y con volumen suficiente para haber permitido a España contar con una empresa global, como Telefónica, Santander o BBVA, en este sector.
Algo, esto último, que habría venido de perlas a nuestros intereses habida cuenta de que seguimos siendo una isla energética y que la interconexión eléctrica con Francia, es decir, con el Continente, sigue parada sine die por culpa de los ecologistas y los socios del tripartito catalán, sin que el buenazo de Atienza haya logrado avanzar un centímetro en estos cuarenta meses, que se dice pronto, a pesar de que nuestra población, y por tanto nuestras necesidades, han aumentado considerablemente en la legislatura gracias a la inmigración desbocada.
En el tema del petróleo la situación es igualmente sangrante. España es un país tremendamente dependiente del oro negro y este, por desgracia, se encuentra en zonas geopolíticamente muy complicadas. El hecho de que Repsol no se halle entre las grandes petroleras, es decir, en el auténtico cártel que reparte el bacalao, es una evidencia que habría exigido de nuestra política internacional, si la hubiéramos tenido, claro, haber convertido en una prioridad estratégica la extensión pacífica de los derechos de exploración y explotación de yacimientos petrolíferos por parte de la compañía que preside Brufau. Pero ya vemos que hasta Evo Morales, cuya economía depende en buena parte de las remesas de sus inmigrantes en España, se atreve a perseguir policialmente a los directivos de Repsol por rencillas personales que no vienen al caso. No hablemos pues de Venezuela, Argelia o Argentina.
Zapatero, que ha aumentado nuestra presión fiscal nada más y nada menos que un 2% en los últimos tres años, se gasta el dinero en promocionar una carísima energía verde, a la que por otra parte no le da seguridad jurídica alguna para inversiones que tienen un periodo de maduración que bordea los 25 años. Las empresas y los inversores particulares se han lanzado con mucha alegría a invertir en molinillos y huertos solares, pero un repaso exhaustivo a la normativa, de la que dependen las primas, imprescindibles para obtener la rentabilidad, pone los pelos de punta a cualquiera que sea medianamente conservador con su dinero.
En cambio, Zapatero no ha querido escuchar de la energía nuclear a pesar de que tenía asegurado el consenso básico con el PP. Mucho más barata y efectiva, la nuclear es una energía cuyos dos únicos problemas, toda vez que la tecnología ha avanzado muchísimo en los últimos años, son los residuos y un hipotético accidente. En cuanto a los residuos, cabe la imaginación y España tiene gigantescas zonas despobladas. Y por lo que hace a una posible radiación nuclear, tenemos ya el problema en la casa del vecino, ya que Francia es el mayor productor de energía nuclear del mundo y es de suponer que eso ya nos afecta.
A Zapatero le ha faltado dirección y coraje. Saber adónde vamos y apostar con todas las consecuencias. Y si no, miren lo que sucede con la tarifa eléctrica, que subirá este año el IPC hasta las generales, pero que luego, el 31 de marzo, tendrá que dar un auténtico subidón ya que acumulamos un déficit tarifario que en poco se pondrá en el billón de las antiguas pesetas. Un déficit, claro, que tendremos que pagar todos los españoles más tarde o más temprano.
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