José Luis Rodríguez Zapatero ha pasado en esta Legislatura del optimismo antropológico a la mentira sin tregua. Primero nos quiso hacer creer que era posible negociar con los terroristas la paz. No en vano, los suyos llevaban desde 2001 hablando con los terroristas a la vez que él firmaba el Pacto por las Libertades y contra el terrorismo. Y después trató de ocultar su fracaso en ese delirio con la mentira. Cuando un presidente de un gobierno democrático comete un error de esta dimensión en un tema tan vital para la seguridad de los españoles, es lógico que se exijan responsabilidades políticas. Pero cuando al error se suma la mentira, ésta lo inhabilita moralmente para continuar en la actividad pública.
Zapatero compareció ante los españoles pocas horas después del atentado de la T-4 en Madrid para asegurar que suspendía toda negociación con los terroristas. Desde entonces, él y su Gobierno han negado en innumerables ocasiones que continuaban sus contactos con los terroristas tras ese doble asesinato. Negaron y desmintieron las informaciones que daban cuenta de esos contactos. Incluso se permitieron insultar y descalificar a todos aquellos que preguntábamos qué había de verdad en esas informaciones pues sospechábamos que Zapatero mantenía, en realidad, su voluntad negociadora y se negaba a asumir su fracaso. Ahora es el propio Zapatero el que reconoce que el proceso de negociación se mantuvo a pesar de ese atentado y de los dos muertos que perecieron bajo los escombros de Barajas.
Lo peor es que esta mentira es un embuste más, especialmente doloroso si se quiere, pero uno más de la larga lista de mentiras con las que Zapatero ha ocultado su proceso de negociación con los terroristas. Rodríguez Zapatero mintió cuando firmó el Pacto Antiterrorista y ya existía el diálogo entre los terroristas y los socialistas vascos. Mintió cuando negó los contactos y los acuerdos previos a la última declaración del alto el fuego por parte de ETA. Mintió cuando certificó la plena validez de esa falsa tregua ocultando las cartas de extorsión y silenciando los atentados callejeros que se producían en el País Vasco y Navarra que causaron, incluso, una víctima mortal. Mintió cuando negó la existencia de una negociación política con Batasuna, una organización terrorista a la que él mismo consideró un interlocutor político necesario. Mintió cuando declaró la suspensión de todo diálogo con la organización terrorista para reconocer meses después que esos contactos continuaron. Y miente ahora cuando oculta al electorado su voluntad de reemprender la negociación en el caso, por fortuna altamente improbable, de que gane las elecciones.
La sociedad española no puede permitirse tener un presidente del Gobierno que miente sin tregua. En cualquier democracia occidental nada se castiga con mayor severidad por el electorado que la mentira. Un pueblo puede consentir que sus dirigentes se equivoquen si tiene el convencimiento de que actuaron de buena fe. Lo que no puede asumir, por respeto a sí mismo, es que pueda ser engañado impunemente. Zapatero deberá responder el 9 de marzo no sólo de sus errores políticos, que son muchos, sino, sobre todo, de su larga lista de mentiras.
Ignacio Cosidó es diputado del Partido Popular por Palencia.
Enamórate
Los enigmas del 11M
La Ilustración Liberal
Móviles & PDA
Email gratuito
Cursos y masters
