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El indicador más fiable de lo mal que están las cosas financieras es el reciente anuncio, por parte del Tesoro británico, de que el Banco de Inglaterra hará operaciones de swaps (trueque) por las cuales cederá a la banca letras y bonos del tesoro a cambio de títulos hipotecarios... o sea, se trata, pura y simplemente, de ceder temporalmente a la banca unos sólidos bonos del Tesoro a cambio de activos hipotecarios de alta cualificación. Es un esquema ya probado por la Reserva Federal.
Lo novedoso es que son operaciones a un año prorrogables a tres, y que la cantidad anunciada (50 millones de libras) podría ampliarse. Los riesgos de pérdidas corren a cuenta de los bancos, naturalmente, que tendrán que poner más títulos o devolver los cedidos en caso de que los suyos bajen de precio.
¿Por qué esta operación tan rara y no una simple bajada de tipos oficiales? Principalmente porque es una operación de salvamento que permite aumentar del mercado sin que aumenten los pasivos del banco central. Se trata de prestar a la banca un activo vendible para que el mercado lo acepte como contrapartida de liquidez, esa liquidez hasta ahora atesorada en los bancos mientras subsistan las dudas sobre la situación financiera de los demás. No hay, por lo tanto, aumento de dinero en circulación, que es lo que quiere mantener bien atado el Banco de Inglaterra.
Lo cierto es que el Banco de Inglaterra ha seguido hasta ahora una política de muy dudosa eficacia frente a la crisis. Fue presa, al principio de la crisis, de un fuerte puritanismo, y pretendió resolver el problema de liquidez sin bajar tipos, haciendo ocasionales operaciones de inyecciones temporales de liquidez. Esto no sólo no funcionó, sino que, ante la impasibilidad de Mervin King, los tipos de interés de mercados se distanciaron del oficial, agravando la incertidumbre y acelerando la llegada de la recesión. Un análisis de Morgan Stanley (Bank of England Implications, 21 de abril) pronostica que el efecto a la baja sobre los tipos monetarios será escaso si el banco central sigue negándose a aumentar sus pasivos.
No hay por qué consolarse pensando que eso queda lejos. Los tipos de mercado monetario a 3 meses, en la zona Euro, están muy altos (80 puntos básicos por encima del 4% oficial), lo cual impide cualquier perspectiva de revisión a la baja de los tipos de hipotecas a tipos renovables.
El problema prioritario de España, como el de Europa, hoy por hoy, es de orden monetario, aparte de las eternamente aplazadas reformas estructurales. Obviamente, las promesas de bondad del euro no se han cumplido: el euro no nos ha obligado lo más mínimo –bien al contrario– a hacer las reformas fundamentales, las liberadoras. Ahora, con la imposibilidad de bajar el precio del dinero y devaluar, el choque monetario va a ser mucho más duro y las reformas esenciales serán imposibles de vender políticamente. Más aún en un país roto política y territorialmente. Al cabo de pocos años, tendremos un déficit y una deuda pública sustancialmente más altos. Es el eslabón más débil y el primero que cederá: las inútiles medidas recientes del Gobierno ya lo dejan ver. Pero no será lo último.
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