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Los sorprendentes, y aun inexplicables, cambios introducidos en la dirección del Partido Popular por su presidente a raíz de la derrota electoral; el tono autoritario, y aun despótico, con que han sido justificados, tan contrario a la imagen política que Mariano Rajoy había cultivado; y ciertos barruntes de acercamiento, y aun aceptación, del "nuevo régimen zapateril" han sembrado el desconcierto de algunos (no sé si muchos, pocos o bastantes) afiliados, simpatizantes y votantes.
Entre las reacciones producidas quiero referirme a la postulación de elecciones primarias para nombrar al presidente del partido que, además, según nuestras costumbres, suele llevar aparejada la condición de "candidato" a la Presidencia del Gobierno de la nación (o de lo que queda de ella). Frente al anuncio de un próximo congreso del partido "a la búlgara", esto es, un congreso en que todo lo que no sea aclamación de Rajoy y sus arriolos y sorayos será motivo de expulsión a las tinieblas exteriores, donde todo es llanto y crujir de dientes, se estima que una alternativa deseable serían las elecciones primarias, "como en los Estados Unidos".
No digo que me parezca mal la medida. Peor me parece la comparación, porque unas eventuales primarias populares serían muy distintas y producirían muy diferentes resultados que las americanas. Ya bastante ha sufrido el régimen parlamentario español por la mimesis del sistema presidencial estadounidense. Estas copias descontextualizadas suelen servir más al despotismo y a la demagogia que a la democratización de la política institucionalizada.
A este propósito, debe observarse que la estructura y la organización de los partidos norteamericanos es enteramente diferente de la de los españoles. En los primeros se da una ostensible separación entre la dirección y control de las máquinas partidarias y el liderazgo político. En España, por el contrario, hay una total confusión entre una y otro. Salvo algún raro especialista, ningún español conoce el nombre del equivalente al presidente o secretario general de los partidos Republicano y Demócrata, aunque casi todos hayan oído hablar de Hillary y Obama, y los más informados hasta de McCain. En los Estados Unidos, nunca ha habido un partido socialista. En España, en cambio, incluso los partidos de derechas se inspiran en el modelo del partido socialista, "partido de masas", que es un poderosísimo instrumento oligárquico. Por tanto, en las primarias americanas, el aparato del partido es neutral. En unas eventuales primarias españolas es juez y parte.
Bienvenidas, si quieren, sean las primarias, pero hay medidas menos espectaculares que, sin embargo, serían más eficaces: que las candidaturas fuesen decididas por los órganos del partido correspondientes al respectivo nivel territorial; que desapareciese, o al menos se mitigase, la disciplina de voto de los representantes electos, también en los diferentes niveles territoriales; que los grupos parlamentarios del partido tuviesen, al menos, autonomía para designar a sus responsables (el descaro con que actualmente el máximo líder del partido los nombra actualmente ofende, al tiempo, a la soberanía nacional, al parlamento y al decoro), etc.
¿Qué no puede ser? Venga entonces una aspirina, quiero decir, unas primarias.
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