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Recién contados los votos del 9 de marzo, me dije e incluso escribí que se abría un período complicado e inestable. O sea, nada que no hubiéramos visto. Aún así no acerté. No contaba con la auto-neutralización del principal partido opositor. Más todavía, y ya puestos a rectificar, pensé que el PSOE zapaterino, después de machacar en el mortero propagandístico al PP, trataría de llevarlo al huerto de pactos y compromisos disolventes tentándolo con el señuelo de romper su soledad. No ha hecho falta. La nueva hornada de dirigentes populares ha salido al ruedo con ánimo pastelero y pose bizcochable.
Renovarse o morir, reza el dicho, y vale, pero nada dice de amoldarse a los deseos del adversario. Hete aquí, sin embargo, que los vientos soplan justo de ese lado. Pongamos por caso lo de Acebes y Zaplana. Eran dos de los cuatro jinetes del Apocalipsis que figuraban en las historias de terror pergeñadas por los social-nacionalistas. Los cocos que se enseñaban a los niños, esos votantes del perpetuo Kindergarten, para que echaran en la urna la papeleta de mister Bean, digo de José Luis, el único que podía impedir que se metieran debajo de su cama. Y eran los forajidos de los carteles de Wanted que pegaban por doquier las huestes de Pepiño como autores de delitos de caspa, derecha extrema, nacionalcatolicismo y hasta lepenismo.
Decía Blanco en campaña que Rajoy se presentaba "como un cordero", pero que "bajo su piel" estaban los susodichos, Zaplana y Acebes, lobitos malos, a uno de los cuales lo había declarado "autor material" del "engaño masivo del 11-M" y al otro, "colaborador necesario". Pues ya no están ninguno de los dos y sean cuales sean las auténticas razones de su marcha, si las hay, no podrá evitar el PP que se interprete como un reconocimiento de facto de que tenían razón los agitadores de fantasmas. Celebrarán, a buen seguro, que el partido de centroderecha haya seguido sus consejos. Hipócritamente, claro.
Con todo, más grave es que Sáenz de Santamaría, ante el probable aval del TC al reconocimiento de Cataluña como nación, sólo tenga que decir que los magistrados han de tener muy presente que están juzgando la vigencia del marco constitucional. ¡Como si no lo supieran! Pero resulta que el equipo de Rajoy ha diseñado una legislatura "muy centrada en las preocupaciones de los ciudadanos" y esto parece que guarda relación con su creencia de que Zapatero puede convocar, forzado por la crisis, elecciones anticipadas. Resumiendo y si no entendemos mal, que el PP continuará en la línea de apostar por la recesión como fuente de votos, que tanto éxito obtuvo en marzo pasado.
Y, mientras tanto, ¿a qué se dedicará el PSOE? Pues a lo suyo. A fabricar potitos de sucedáneos ideológicos. Comprobado que funcionan en el mercado interior, ahora los quiere exportar. Caldera, de quien no sospechábamos inquietud intelectual, cocina una mega-fundación que sea referente ideológico de la izquierda planetaria.
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