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Hace sesenta años mi colega de la Universidad de Chicago, el profesor Richard M. Weaver, publicó un ensayo que ha marcado una época. Partiendo de dos postulados, a saber, que el hombre es libre y que el mundo es inteligible, Weaver llegó a la conclusión de que la mayoría de calamidades que nos ocurren no son fortuitas, sino producto de nuestras elecciones incorrectas. Por consiguiente, las ideas, al igual que las acciones, llevan aparejadas unas consecuencias concretas.
Lo que no sé, ni me atrevo a atisbar, es qué consecuencias va a tener el nuevo perfil ideológico del Partido Popular. Según su presidente, en el PP caben socialdemócratas, liberales, conservadores, centrorreformistas y convergentes; nos queda en primer lugar conocer si también caben sintoístas, marxistas, maoístas, troskistas, revolucionarios bolivarianos, islamofascistas, fascistas a secas, nacional socialistas, nacionalistas excluyentes (perdón por la tautología), los del republicanismo cívico, populistas de toda clase y condición, y alguna otra ideología capaz de medio vertebrar un pensamiento.
Es evidente que Rajoy no se cree que las ideas tengan consecuencias. Para don Mariano es indiferente ser del Ku Klux Klan, de la UÇK o del Betis, lo único importante es votar al PP. Pero como somos muchos los que pensamos que sí importan, nos preocupa su despreocupación al respecto. De igual modo nos preocupó anteriormente la desaparición del debate ideológico dentro del PP durante los ocho años de Gobierno popular. Al menos Aznar, tras abandonar el poder, se ha dedicado de hoz y coz a fomentar el debate ideológico y a generar pensamiento. Quizá, si lo hubiera hecho antes, no habría dejado inerme desde el punto de vista ideológico a su partido, especialmente a los militantes más jóvenes.
La ideología, a más de dotar de coherencia a la acción, sirve para predecir la postura que se adoptará en un tema no previsto. No conozco la ideología de Rajoy, es más, empiezo a dudar de que la tenga siquiera esbozada. Ahora bien, ese grupo de corifeos que le rodea, capitaneados por Soraya Sáez, le canta las bondades de la incoherencia del collage ideológico bajo el lema de "Presidente, lo importante es sumar". Esa cantinela será para Rajoy lo que las sirenas pudieron haber sido para Ulises, porque Mariano ni se encadenará al mástil ni se tapará con cera los oídos, sino que seguirá mansamente, hasta el abismo, la partitura de Arriola; sólo falta Piqué de primer violín.
Y así, dando por supuesto que las ideologías no importan –siguiendo, sin ser consciente, a uno de los pensadores progres por antonomasia como es Norberto Bobbio–, irá Mariano Rajoy como decían los generales alemanes "de victoria en victoria hasta la derrota final". El congreso de Valencia escenificará la victoria más desastrosa que podría cosechar Rajoy, y no tengo ninguna duda de que junto con el día 9 de marzo, serán los dos acontecimientos que marcarán el fin de su carrera política. Como en el tango de Gardel, "guardo escondida una esperanza humilde" que es la apertura de un debate serio, participado, con los militantes sin secuestrar por el aparato, "que es toda la fortuna de mi corazón".
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