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Demostrando un optimismo fuera de lugar, la izquierda y sus medios –o sea todos–, se preguntan a gritos si mayo de 2008 no terminará pareciéndose al tan cacareado mayo del 68. Se basan en dos citas reivindicativas, el 15 de este mes (enseñanza), y la del 22 contra las reformas de las pensiones (41 años de cotización en lugar de 40), y se basan para ello en el "éxito" de los desfiles rituales del Primero de Mayo, que fueron un fracaso: 120.000 manifestantes en toda Francia. Muchos años fueron más sólo en París, y en 1968, ya que es la referencia, los manifestantes oscilaban entre medio millón y millón y medio. No es exactamente lo mismo. Por ahora, los únicos "dueños de la calle y el pirulí" son los liceanos, pues ayer hubo una nueva manifestación y había que buscar a los manifestantes con lupa por las calles de París.
La crisis de Le Monde se agrava: ya van tres jornadas de huelga en menos de un mes, algo que la institución de papel impreso de la izquierda gala jamás había conocido. Nunca había habido una hora de huelga en Le Monde. El pretexto, o el motivo, es el "plan social" de la dirección para reducir el déficit acumulado, que prevé el despido de un centener de periodistas y la venta de publicaciones como Les Cahiers du Cinéma, revista en su día prestigiosa, pero que está muy venida a menos desde que se ha convertido en un panfleto políticamente correcto.
En ese mismo Le Monde el Partido Socialista publicó hace un par de semanas su "declaración de principios", que no tiene la alegría del chotis ni la melancolía del tango, pero que, por otros motivos, es muy triste. Declaran solemnemente que han abandonado el concepto de revolución para considerarse abiertamente reformistas. Pero ¿cuándo fueron revolucionarios? Demuestran también una portentosa audacia al definirse como partidarios de la economía de mercado controlada, pero siempre contraria al capitalismo. Lo que no explican es cómo puede haber una economía de mercado anticapitalista. Pura jerga oscurantista.
Manuel Valls, uno de los jeunes lups del PS, diputado-alcalde de Evry, que fuera el negro de Lionel Jospin –pecado sin confesión–, publica esos días un libro-entrevista, que aún no he leído, en el que exige cambiar su partido de cabo a rabo, incluyendo hasta el nombre. Propone sustituirlo por Partido de la Izquierda Francesa. En la tele ha explicado que el término "socialista" tenía sentido en el siglo XIX, cuando la clase obrera y sus representantes luchaban contra el capitalismo, pero que hoy eso está caduco, puesto que ya no lo hacen. Es una evidencia, pero una evidencia inaceptable para los funcionarios sociatas, que cuando van a la pesca lo hacen con lejanas ilusiones de "transformación social". Si pierden esas ilusiones, temen que su pescado pierda sabor.
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